Opinión

Entre canciones

Entre canciones

Desde temprano nos aprestábamos para una reunión familiar en casa de Felipe Auffant y nuestra prima. Yuyu, Carlos Luis y Guillo Carías habían preparado un concierto, con canciones de Carlos Luis, Elena Ramírez, Sylvio, José Antonio, Serrat, y una pléyade de cantautores que en nuestra juventud acompañaron el corazón.

Gracias a los afanes de Marta Amalia, había Roques de todos los rincones del país, entre ellos Carmen Elsa y sus hermanos, quienes llegaron desde Jarabacoa con la maravillosa Tía Isabelita, quien a sus 93 canta y baila como una de quince, con una sonrisa contagiosa que anuncia su agradecimiento de la vida, que es lo que siempre hace falta para vivir.

En el trasfondo, estaban las tías Nana, Lourdes, Ita y Doña Cristina, fundadoras del Colegio Santa Teresita, por donde desfilaron todas las familias fundadoras de la Capital. Esa escuela comenzó en la Calle El Conde, al lado de la Librería Dominicana; continúo en la Sánchez (al lado de los Mondesert) y desde allí se trasladó a la José Reyes, al lado de los Mejía Ricart. Todos ríen aun recordando como Tirso cantaba el himno del colegio desde el baño y luego aparecía chorreando agua y apresurado al inicio de las clases.

Entre set y set de canciones, Carlos Despradel irrumpía con un “Cuando el sol alza su disco luminoso y se agita allá en lo alto la bandera”, himno del colegio que compusiera Carmen Natalia Martínez Bonilla (hermana de tía Isabelita), con música de Chichi Ravelo de la Fuente.

Al unísono, todos rememoraban como los cursos se alineaban en el patio y al pasar frente a la bandera, que hoy parece no significar nada, bajaban la cabeza y repetían el lema del colegio: “Trabaja, Estudia y Ama”, porque las tías entendían que el amor a la Patria y sus símbolos se forja en la infancia.

Sin los celulares, Ipods, de hoy, ni la superficialidad consumista que hoy corroe la generalidad de la infancia de clase media.
“Como abejas laboriosas trabajamos, en la plácida colmena de las aulas. Nuestra miel es la tarea que rendimos, recogiendo cada día su enseñanza”.

En el Colegio Salvador Cucurulo (“La Nexa”), de Santiago, no teníamos ese himno, pero Cornelia Margarita y yo aún recordamos cuando salíamos al frente del colegio donde el, o la, alumna@ más destacado, subía la bandera mientras cantábamos: “Ya empezó su trabajo la escuela y es preciso elevarte al azul…Dios parece decir Oh Bandeeeera”.

Así se planta la Patria en el corazón infantil: entre risas, memorias, canciones y una nostalgia que nada tiene que ver con el falso discurso “sobre valores familiares”, con que la barata politiquería trata de convencernos de sus “buenas” intenciones.

El Nacional

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