En el Castillo de San Cristobal comenzó nuestro recorrido por el Viejo San Juan. Allí subimos a lo más alto para disfrutar del paisaje. Por un lado el mar, con sus grandes barcos que desde allí salen a cruceros por diferentes islas del Caribe y por otro lado la arquitectura con sus múltiples garitas, la
larga e histórica muralla y las calles adoquinadas que frecuentan los turistas de todas partes del mundo.
Desde el Castillo caminamos hacia el Morro bordeando toda la costa y de camino vimos como disfrutan los borinqueños sus áreas verdes y las fuentes de sus plazas, en las que aprovechan los niños para bañarse y apaciguar el calor.
Nos encontramos con muchos dominicanos con varios puestos de ventas callejeras y nos atrevimos a pedir que nos guayaran un yum yum confiados en que no tenía problemas de contaminación.
Contemplamos a lo lejos el impresionante Morro, el Paseo de la Princesa y seguimos nuestro recorrido para caminar por las calles de esta zona histórica, cruzar por la Catedral, la Plaza de Armas, la Plaza de Colón y las múltiples plazas que hacen del viejo San Juan un lugar donde te puedes detener a contemplar y disfrutar.
Escuchamos el tan típico spaninglis de Puerto Rico y entre los más viejos sentimos muchas expresiones muy usadas también en dominicana.
Comenzó a hacerse de noche y escuchamos el cantar del coquí, lo que nos motivó a detenernos en una de las tantas tiendas de souvenirs a comprar este símbolico animalito de Puerto Rico.
Nos dio hambre y escogimos para comer mofongo y un restaurant típico que nos hizo sentir en dominicana debido a las similitudes de la culinaria y de algunos elementos culturales, a pesar de la fuerza que ejerce la cultura norteamericana en Puerto Rico.
Al salir del restaurant se sentía el ambiente nocturno con calles entaponadas, bares y restaurantes llenos de gente y esa alegría de los borinqueños tan similar a la de los dominicanos.
Desde una de sus animadas calles tomamos un taxi al Condado para seguir con otra historia de esta isla vecina que tanto se nos parece. Nos ganan por la limpieza de sus calles, el orden y la posibilidad de caminar sin tanto miedo.

