Cuando me vaya extrañaré el Malecón. Está descuidado, con pocas luces, con el mar sucio. De todos modos lo extrañaré. Lo pensaré como lo que debe ser, un lugar de esparcimiento, un espacio privilegiado que muchas importantes capitales del mundo quisieran tener.
Cuando me vaya echaré de menos la Calle El Conde y la Zona Colonial. No pensaré en mi última caminata nocturna por allí, ni en la decepción de sentirme en un lugar abandonado y oscuro.
Pensaré en los encuentros, los conciertos y en la esperanza de que algún día las autoridades logren tener conciencia y capitalizar el privilegio de que contamos con el gran atractivo turístico de tener la zona histórica primada de América.
Cuando esté lejos en un país frío, me dará placer pensar que vengo de un país de temperatura cálida, en la que podré disfrutar de los parques y las áreas verdes cualquier mes del año sin tener que llevar kilos de ropa. Trataré de olvidar que no podan las hierbas y que por falta de un buen sistema de seguridad a veces los parques son un desperdicio. Solo pensaré en el placer de caminar por el Mirador y en la esperanza de que algún día aprovecharemos al máximo todo lo que la naturaleza nos ha proporcionado.
Cuando esté viviendo lejos de la costa, pensaré que soy de un país rico, donde todos tenemos el privilegio de tener playas cercanas y maravillosas que turistas de todo el mundo vienen a disfrutar y conocer. No pensaré en las grandes diferencias sociales, ni en las dificultades que tienen los más pobres para disfrutar de todo lo bello y bueno con que Dios nos ha premiado. Seré optimista, positiva, pensaré en todo lo bueno que nos puede suceder si aprovechamos lo que tenemos. Cuando me vaya y esté entre europeos, pensaré en la alegría del dominicano y trataré de contagiar sus caras sobrias con mi alegría. No pensaré en lo que ha proliferado en mi país en los últimos años, ni en los pocos ladrones que parecen ser muchos, pensaré en lo que hemos sido siempre y en lo que podríamos volver a ser con buena voluntad de nuestros gobernantes. En fin, ahora que me voy, me doy más cuenta que nunca.
No importa lo del petróleo. Soy de un país de grandes riquezas y grandes desperdicios.

