Un amigo y compañero de faenas en la brega por constituir una opción política alternativa, le solicitaba al grupo la oportunidad de presentarle el diseño de un plan estratégico, estructurado con modernos criterios gerenciales. La petición surgía ante las discrepancias en las rutas que debían seguirse en el propósito de alcanzar la inserción en el escenario nacional.
Unos, eran partidarios de hacer un abordaje casi frenético de las calles del país, y que la vivencia cotidiana fuera nutriendo los elementos necesarios para continuar avanzando. Otros, dentro de los que me encuentro, optaban por la elaboración de un esquema mínimo elaborado con antelación y que guiara los pasos tácticos y estratégicos, no irreversibles, que condujeran a la integración de una organización que produjera una ruptura con la tradición de improvisación y carencia de rigor que han caracterizado esfuerzos similares.
Por eso postulé en favor de la solicitud del compañero y no por mera complacencia, sino por mi firme convicción, como lo expresé en la ocasión, de que proyectos de esa naturaleza hay que dotarlos de una forma expresada en un plan bien delimitado.
Es cierto, como se esgrime, que potencialidades y ventajas relativas no faltan, pero eso, por sí solo, no basta. Hace falta ir más allá y darle criterios científicos a propósitos y cualidades.
Virtudes, méritos y aptitudes han estado presentes en proyectos que se han estrellado contra el muro de la realidad por falta de previsión y rigor. A qué ingeniero se le ocurriría construir un inmueble sin los cálculos previos y sin un cronograma de trabajo. Ningún capitán se echa al mar sin la bitácora correspondiente y los riesgos disminuidos a su mínima expresión.
Claro que no se puede producir una parálisis ni atomizarse, anhelando lo perfecto para hacer lo posible, pero no se pueden ejecutar cosas por el mero hecho de hacerlas y agotarse en el camino por falta de insumos para reanudar la marcha. Si algo hay que evitar es ser más de lo mismo y todos los pasos deben estar signados por una estética que, por novedosa y creativa, sea capaz de atraer y seducir. Parece una pretensión exagerada, pero no lo veo así. Con talento, experiencia y visión, con los aportes que el colectivo pueda hacer, es factible obtener las herramientas necesarias en un plazo mínimo razonable. No hacerlo, es asumir un riesgo de previsibles consecuencias. Las mismas que se han suscitado tantas veces.

