Un patrimonio de los dominicanos
José Enrique García
Todo bien está en la naturaleza, y de ella proviene. Nada se inventa, se descubre. Desde el mismo umbral del país, su constitución es ésta: tierra abajo, que permite que los pies se afirmen, y arriba, el cielo donde el ojo se infinita y la imaginación se expande.
Después, árboles y aves, animales y personas. Mas esta realidad pasa inadvertida, sencillamente porque está ahí, siempre, desde que abrimos los ojos la tocamos, habituamos con ella. Y como no representa ningún imperativo, la admitimos por costumbre, simplemente.
Y esta breve mención sobre este hecho tan antiguo, pero a la vez actual, viene a propósito del discurso que pronunciara Gedeón Santos, Presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones, INDOTEL, ante la Sexta Asamblea de la Comisión Interamericana de Telecomunicaciones, CITEL, al aceptar la Presidencia de dicha institución internacional.
En esa pieza se abordan, entre otros, dos conceptos que remiten a realidades que nos tocan profundamente: el espectro radiofónico como patrimonio común del dominicano y el consumidor como generador indispensable para que el sector sea, crezca y se fortalezca. Y los dos son genuinos patrimonios del Estado.
La existencia de espectro radiofónico es, para la gran mayoría de los dominicanos una realidad cuasi inédita. En un breve sondeo que hicimos, a 12 personas, solo uno, nuestro amigo El Bacho, dio con la respuesta. Dijo, simplemente: es todo.
No obstante, a este desconocimiento, representa uno de los bienes concretos del país y de mayor grosor e importancia. Y más aún, constituye uno de los espacios primarios de la actualidad y del futuro. Cielo arriba, tierra abajo y en profundidades, espacio abierto, extendido en direcciones múltiples y el mar, igualmente. Eso es el espectro eléctrico; la territoriedad. El espacio integro que nos constituye.
Y ese espacio, hace un buen tiempo, se ha transformado en el escenario donde se ponen a prueba el mayor acontecimiento de los últimos tiempos: la revolución tecnológica, que ha dado una vuelta de tuerca a todos las relaciones empresariales, económicos, políticas, culturales, y más aún, a la misma vida, al ejercicio cotidiano de existir.
Ahora, esta realidad que siempre ha estado ahí, ante nuestros ojos, requirió de una persona de visión, y con un alto propósito de vida, Gedeón Santos, para que nos percatáramos, en detalles, de su existencia, y más aún, para que sea motivo y presencia viva ya en nosotros. En su discurso subraya la misma:
“El espectro radioeléctrico es una riqueza natural como lo son los minerales, las playas o el petróleo, cuyos únicos dueños son los ciudadanos que habitan nuestras naciones. Y nosotros, como representantes legítimos de nuestros pueblos, debemos velar porque nuestros ciudadanos reciban, no sólo impuestos, sino una mayor rentabilidad de la explotación de un recurso que es de su propiedad”.
Y va más lejos de la descripción, se adentra, con precisas alusiones, al usufructo histórico de ese bien nacional han hecho.
Evidencia, pues, una riqueza inagotable, ilimitada en el sentido de que la misma anda pareja a la existencia del país, y decisiva también ya que constituye el medio por el que viaja y se concreta lo que la tecnología crea, es decir, por donde fluyen a distancia los sonidos y las imágenes: los contenidos.
El otro bien que subraya Gedeón Santos es complementario al espectro: el destinatario que en nuestro caso se encuentra en nosotros que vivimos debajo del cielo y encima de la tierra dominicana, los que damos existencia y razón a dicho espacio.
La explicación es bien precisa, exenta totalmente de ambigüedades: somos nosotros, los que habitamos el espacio propio del espectro eléctrico, quienes lo justificamos y le damos vigencia.
Pero también somos los menos beneficiarios del mismo, realidad que requiere de miradas detenidas y de atenciones demoradas. Así como estas palabras del discurso:
“Quizás, nos hemos olvidado que los consumidores son el centro en torno al cual gira este sector, pues por encima de todo, son el comienzo y el fin del negocio de las telecomunicaciones. Sin ellos no hay ganancia, ni pago de impuestos, ni crecimiento económico.”
De modo que propicia fue esta conferencia para que se pusieran en claridades estos conceptos que evidencian realidades que nos tocan hondamente, pues la revolución tecnológica que se caracteriza principalmente por cambios rotundos, que voltean lo existente en brevedad de tiempo, marca directa y diametralmente el ejercicio de la vida y de todos sus componentes.
Oportuna y necesaria es esta posición del Presidente de Indotel en estos momentos en que una de las riquezas mejor asentadas y amplias se encuentra en la tierra y en el cielo, en el aire y en el mar, en espacio amplio, ancho, infinito que habitamos.
Finalmente, podemos resumir esta cuestión de esta forma: de los tres componentes básicos de esta relación de trabajo, de negocio, de comercio, dos, el espectro eléctrico y el consumidor o usuario de tecnología son bienes del Estado; el tercero, el creador y proveedor de tecnología, pertenece, precisamente, al empresariado mundial, y como tal, es ancho, amplio y no privativo de ningún país o sector.

