Al cumplirse hoy el 42 aniversario de la muerte del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó la población y sus familiares continúan esperando que la Procuraduría General de la República determine el paradero de sus restos según mandato de la Ley 4-13.
La investigación está a cargo del procurador adjunto Bolívar Sánchez Veloz, director del Departamento de Asuntos Internos quien en diciembre del año 2013 fue apoderado del caso, mediante auto del procurador general de la República, Francisco Domínguez Brito.
El magistrado Sánchez Veloz en la segunda quincena de enero 2014 abrió la investigación, pero algunos días después archivó el proceso a pesar de que la Ley 4-13 de febrero 2013 que ordenó el traslado de sus restos al Panteón de la Patria dice que la Procuraduría deberá realizar una investigación para determinar el paradero de sus restos.
La investigación inició después que el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) realizó una prueba de ADN a restos supuestamente de Caamaño que descansaban en la tumba del Cementerio de la avenida Máximo Gómez y determinó que éstos no se correspondían con los del líder de la Revolución de Abril. En su tumba hay un cenotafio que dice “a la espera de sus restos”.
El líder de la Revolución de Abril murió el 16 de febrero de 1973 en la montaña de Nizaíto de San José de Ocoa, después de caer en una emboscada que le habían preparado efectivos de la Fuerzas Armadas.
El coronel Caamaño desembarcó en el país en la noche del 3 de febrero el 1973, con nueve hombres por la playa Caracoles en la provincia de Azua, al sur del país con la intención de iniciar un frente guerrillero contra el gobierno del entonces presidente Joaquín Balaguer.
Los integrantes de este grupo guerrillero fueron además de Caamaño, Heriberto Lalane, Toribio Peña Jáquez, Hamlet Hermann, Claudio Caamaño, Mario Nelson Galán, Alfredo Pérez Vargas, Ramón Euclides Marte y Juan Ramón Payero.
Hasta ahora la teoría más aceptada la expuso el ingeniero Hamlet Hermann, quien dijo que el teniente Juventino Matos, cumpliendo órdenes superiores roció con gasolina el cuerpo del coronel Caamaño y le prendió fuego la noche de ese día 17 y los huesos que el fuego no devoró fueron introducidos en fundas plásticas y trasladados a la Base Aérea de San Isidro en un helicóptero.
En la pista de esa terminal las fundas con la osamenta fue desmontada del helicóptero y traslada a un avión de carga C-47, pilotado por el general y el coronel Román Carbuccia y Restituyo quienes despegaron y después de sobrevolar el mar Caribe recibieron órdenes de lanzarlo al mar.

