El discurso del presidente Medina refleja un marcado interés por exagerar los posibles efectos del coronavirus en el país, sin presentar un cuadro que lo justifique. Buscan el benéfico de la excepción los mismos que dañaron el proceso en el 15F e insistieron en el fraude en las elecciones municipales.
Hizo falta un levantamiento de la situación con el debido rigor científico, en el contexto local con las variables climáticas, estacionarias y geográficas que establecen los riesgos que corre cada país, debido a la pandemia. Tampoco se ocupa de asuntos primordiales que afectan a los dominicanos, como protección en áreas de trabajo, pagos garantizados durante la cesantía por aislamiento o despido -Abinader propone un fondo de 5,000 millones de pesos de subsidio a esos fines-, cuido de los niños en casa en estas vacaciones escolares forzadas, subsidios en las obligaciones de pagos de servicios básicos, en fin.
Las medida enumeradas, a riesgo de la falta de confianza que afecta al gobierno del PLD, requieren un cotejo con la realidad social y económica. Cuestión también obviada en la alocución.
Es evidente que el estado de emergencia que solicita al Congreso no está ajeno a su urgente necesidad de buscar una tabla de salvación ante la la derrota que también le viene encima el 17 de mayo. Trujillo se consolidó con la Emergencia de San Zenón en 1930.
Debemos estar atentos frente a la probabilidad de crear una situación de excepción que afecte el proceso electoral iniciado en febrero, salvado el 15 de marzo y que concluye en 17 de mayo. “En estado de emergencia, el Presidente puede ordenar la violación de domicilio y eliminar la libertad de transito, de expresión y de reunión”, advierte Esquea Guerrero en un tuit.
So pretexto de proteger al país -de lo que no ha dado muestra en casi ocho años-, lo que estaría buscando Medina es ganar tiempo para evitar verse de frente con la realidad que le golpea en la cara.

