Esto no tiene mamacita! Al mismo Jesucristo se le deben de estar brotando los ojos del asombro por lo que ocurre en la República. Nuestro Señor debe de estar más que espantado cuando lee y escucha en la prensa nacional que una bebecita de 11 años, residente en la provincia de Monte Cristi, está con un embarazo de 7 meses que se lo ha producido un joven de 17. ¡Ofrézcome! Hace rato que ya lo de Emely Polanco va bien lejos, porque otros casos engorrosos lo han reemplazado. Cómo y de qué manera me explicarán los profesionales de la conducta humana el proceso involutivo en que ha caído la familia, muy en especial las pobres y marginales.
Quisiéramos escuchar las reflexiones de los pedagogos, los psicólogos y los siquiatras de cara a detener el desgarramiento del epicentro del núcleo familiar.
Lo que estamos viendo en nuestros hogares es a padres “vendiendo” a sus niñas y provocándoles amores a destiempo; adultos abusando sexualmente de menores y ahora, asesinándolas y tratando de borrar la escena de los crímenes.
Un episodio donde vemos envuelta a una adolescente de 16 años es el caso de Kimberly Adón, quien escogió su muerte violenta antes de dejarse violar por desalmados que horas antes la habían invitado a una fiesta.
Esta jovencita luchó por su dignidad hasta la muerte, pero sus verdugos no tuvieron compasión y al no poder lograr sus objetivos la mataron y luego le pasaron por encima con un vehículo para simular un accidente.
Otro escalofriante hecho es el de la niña de 13 años, a la que se le ocupó, en pleno salón de clase de su escuela, en el municipio de Jarabacoa, una pistola con varias capsulas, cigarrillos y fósforos.
Son muchas las y los menores que son vistos los fines de semanas en colmadones inhalando hookah, con un vaso de bebida casera en sus manos y, por demás, llegando a deshoras de las noches a sus hogares ante la mirada impotente de sus tutores.
El momento reclama que hay que fortalecer la mancuerna entre la Apmae (Asociación de Padres Madres y Amigos de la Escuela), la dirección y el equipo de gestión de los planteles educativos, de manera que se tenga mucho más vigilancia sobre los estudiantes. Esta es la hora perfecta para docentes jugar su papel en la escuela y los padres en el hogar.

