Opinión

Esto pienso

Esto pienso

  “Caminante no hay camino; se hace camino al andar/y al volver la vista atrás se ve la senda/ que nunca más se ha de volver a pisar(…) Caminante, son tus huellas el camino y nada más”, expresó  en su ocasión Antonio Machado. Y hoy, así como “El Nacional”, la voz de todos, se encausa por una nueva vía, evolucionando con el tiempo, estrenando un nuevo formato, ¿ por qué no hacer lo mismo con nuestra sociedad e incentivar un innovador proyecto de vida, decente, moral y ético?. Estas son añoranzas que nos trae la brisa cálida de la temporada ciclónica, como aquel trozo de poema que vocaliza la vibrante y eterna Mercedes Sosa: “Cambia, todo cambia”.

  Ya lo ha dicho Séneca, que menos camino hay de la virtud al vicio que del vicio a la virtud y pedir un cambio de actitud no es pedir lo imposible, ya que todo, -por ley universal- y que hemos aprendido al discurrir del tiempo, todo,  absolutamente todo se transforma. El cambiar de esto para aquello, trasladar de aquí para allá es la naturaleza de las cosas. Todo es cambio,  sin que necesariamente haya que tener temor por las inevitables mutaciones; el cambio es simplemente habitual y se verifica en el todo y sus partes.

  Lo que ayer era hoy ya no lo es. Unos desaparecen con más rapidez que otros, pero todo es al decir de Heráclito, como un río en permanente e incesante fluir, en indefinidas e infinitas alteraciones:  y nada escapa a este fenómeno. Por eso, ¿por qué no cambiar hacía el buen camino de la moral dejando atrás lo vano y pasajero?. ¿Cuál es la razón para no llevar a la práctica lo escrito por Ernesto Valette al manifestar su  creencia de que es preferible perecer en la lucha por la honestidad, que vivir al servicio de la corrupción?. ¿Por qué no?.

  Una persona a la cual estimo, el señor Passatore escribió que sólo con la disciplina, la educación y el espíritu de sacrificio, puede un pueblo alcanzar su máximo desarrollo. Al respecto,  y basado en las circunstancias actuales,   tendríamos que cuestionarnos sobre qué razón valedera podríamos argüir para proseguir interesados en las vanidades, creyendo en charlatanes, permitiendo que la parte irracional nos domine y nos siga conduciendo por la ruta desviada que nos hace extraviarnos del buen vivir, convirtiéndonos en animales de carga y carreta, cuyo  comportamiento se asemeja a la voracidad con que los buitres  se engullen la carroña o que los cerdos disfrutan del fango. Nos comportamos más  como verdaderas fieras salvajes que como seres  humanos. He ahí un cambio para mal.

  Más, en presencia de las circunstancias actuales no se puede desmayar. Lo que se impone como imperativo de estos días es más bien buscar refugio y hacer propia esa sentencia esperanzadora de Simón Bolívar cuando dijo: “Yo espero mucho del tiempo; su inmenso vientre contiene más esperanzas que sucesos pasados; y los prodigios futuros deben ser muy superiores a los pretéritos”.

  Es esa una de las razones que me obliga a decir como Confucio- ese gran filosofo chino y una de las figuras más influyentes de la historia china, desde antes de Cristo-,  cuando ese país estuvo dirigida por la dinastía Zhou, siendo aquella una época de degeneración y decadencia al relajarse las buenas costumbres. Estado moral que detestaba el citado prohombre, al tiempo que lamentaba la ausencia de modelos morales. Sugería como único remedio recuperar y difundir los buenos principios  a la vez que propugnaba además por el gran valor del poder del ejemplo. Fue bajo estas condiciones que expreso:”Vivo en una casa pequeña, pero a través de su ventana miro hacia un mundo muy grande”.

  No se puede transigir en la lucha por lograr lo que se ha demostrado que es bueno y beneficioso, como lo es vivir en moralidad, aún a sabiendas de que la maldad está acorde con la naturaleza del hombre. Hay que oponerse a todas las formas de insensatez, iniquidad y  cobardía, porque todas son morbosas o brutales, como intentan vivir todos aquellos que carecen de juicio o son irracionales por su procedencia.

  Alguien ha dicho que el pensamiento más fugas obedece a un dibujo invisible que no es más que un cambio, el cual puede coronar toda una nueva forma de actuar que ha permanecido secreta. Tenemos que aprender que el cambio es inherente a la naturaleza. Cambia el modo de vida continuamente en busca de esa posibilidad de llegar  a lo perfecto, a lo divino, a la vida ideal a la cual aspira el ser humano.

  Pero, como dijo José Ingenieros, la evolución de esos ideales no siempre sigue un ritmo uniforme en el curso de la vida social o individual y que “hay climas morales, horas, momentos en que toda una raza, un pueblo, una clase, un partido, una secta concibe un ideal y se esfuerza por realizarlo”. Y que mejor tarea o ideal que  aquella que proclama el deber de  buscar la honestidad y la puntualidad.

  Vayamos en pos de esa meta, ya que sólo hay una manera de ser bueno y muchas para ser malo en toda la extensión de la palabra. Que ese habito voluntario o electivo que llamamos virtud sea el norte que nos guíe en medio de la tormenta moral, haciendo acopio de que nada es eterno en esta vida y que es pasajero, y lo que nos parece más duradero apenas es un chispazo en los dilatados mundo de Dios en la eternidad.

El Nacional

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