Los mejores suelos agrícolas de las Antillas, 537 kilómetros cuadrados, esto es 53,700 hectáreas de tierras clase uno, asimismo, 2,350 kilómetros cuadrados, 235,000 hectáreas clase dos. 11% de la porción oriental de la isla de Santo Domingo, con una extensión de 48,442 kilómetros cuadrados, 1,576 kilómetros de costas, inmensas en el turismos y la pesca marina.
Generosos sistemas de montañas, las dos terceras partes del territorio, Cordillera Septentrional, Cordillera Central, Sierra Oriental, Sierra de Neiba y Sierra de Bahoruco. Estribaciones enriquecidas por bosques nublados, con los cursos de agua de los ríos.
Los cuerpos de aguas interiores más grandes y numerosos de las islas caribeñas, esto es, el lago Enriquillo con 265 kilómetros cuadrados, la laguna Cabral con 30 kilómetros cuadrados y Oviedo con 28 kilómetros cuadrados). Nacen allí los más caudalosos y prolongados ríos.
Los siempre-verdes embellecen y acrecientan la zona de mayor precipitación, sobre 250 milímetros mensuales en 200 días de lluvia anuales y sin época seca, llegando incluso los 4,000 milímetros, normalmente en Los Haitises, cordillera Oriental, Septentrional, Sierra de Yamasá y pie de Monte Oriental de la Cordillera Central.
La verdad es que es una barbaridad pretender que una decena de sobrevaluados túneles y elevados reemplacen toda nuestra herencia natural, rica e invaluable, de donde brotan, benditos, los alimento, las divisas, el agua y el aire puro que nos sostienen. Patria insustituible que aprendemos a amar desde niño [el geólogo Eleuterio Martínez sintetiza los datos revelados en un ensayo publicado en el año 1993].
Injustamente distribuidas y diezmadas de la manera más dramática, estos recursos han sido descuidadas, sobre todo durante los últimos siete años. Postrados, los pueblos del interior, empobrecen en medio de nuestras mayores fuentes de producción agropecuaria y mineral.
