El etiquetado en español de los productos importados constituía un viejo reclamo, que se aplaudió cuando el Gobierno tomó la decisión que entró en vigencia el lunes uno de este mes. No fue una medida impuesta de un día para otro pues al comercio se le facilitó el tiempo que se podía requerir, al menos hasta donde se tiene entendido, para hacer los cambios de lugar.
Para sorpresa ahora se habla de que los requisitos pueden afectar el abastecimiento del mercado, porque no procede importar mercancías con etiquetado en español.
En caso de que sea cierto, los comerciantes no han debido esperar que la decisión entrara en vigencia para hacer sus observaciones. La reacción se inscribe dentro de una cultura que consiste en esperar que las normas o leyes entren en vigencia para entonces hacer las observaciones de lugar.
Siempre que no se perjudique a los usuarios con un etiquetado que les impide saber lo que consumen la queja de los importadores puede ponderarse.

