Opinión

Evento trascendente

Evento trascendente

La República Dominicana fue sede, durante los días 23 y 24 de noviembre, de uno de los eventos internacionales más trascendentes de los últimos tiempos: la reunión del Consejo de la Internacional Socialista, entidad que agrupa a unos 180 partidos y organizaciones políticas de todo el mundo, entre ellos el Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

La importancia de esta reunión radicó en los temas tratados, desde la necesidad del desarme nuclear, las dimensiones económicas, sociales, medioambientales y culturales, hasta el fortalecimiento de la democracia y los derechos de la gente.

Estos dos últimos puntos son fundamentales, sobre todo en un momento en que en América Latina hay signos verdaderamente inquietantes. El peor ejemplo fue el golpe de Estado que en junio pasado derrocó en Honduras a Manuel Zelaya. La farsa electoral del domingo, rechazada por la comunidad internacional, no es más que una faceta ridícula del carácter de los golpistas y demás reaccionarios que les hacen coro.

Pero también surge la advertencia de que la pretensión de legitimar ese golpe de Estado es una espada de Damocles que penden sobre los Gobiernos Constitucionales. Estados Unidos, después de un ambivalente silencio, decidió luego decir que apoyaba el retorno de Zelaya, aunque después resultó que decidió apoyar las “elecciones” hondureñas. Mal ejemplo para nuestros países que creían otra cosa.

En esa tesitura, resulta  aleccionadora la posición de la Internacional Socialista, que rechazó “cualquier trastrocamiento de las instituciones democráticas derivadas de actos de fuerza, que lleven a la existencia de gobiernos “de facto” que interrumpen la normalidad democrática”.

El organismo internacional también reclamó el respeto a las autoridades electas. Pero además expresó su respeto a otras formas de participación democrática legalmente establecidas, a las libertades individuales y colectivas y la separación de los podres legislativo, ejecutivo y judicial.

La IS abogó, además, por el derecho a un nivel de vida decente, a la educación, a la salud  y a la vivienda, como  al respeto de una identidad cultural.

Es una lástima que sectores de los medios de comunicación no pudieran recoger en su totalidad siquiera los puntos más trascendentes de la reunión.

El Nacional

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