LA PAZ, (AFP) – «Jamás soñé con ser presidente», confiesa Evo Morales, el primer gobernante indígena de Bolivia, quien sin embargo le da un caracter premonitorio a sus sueños y pesadillas y está convencido de la fuerza del destino.
Desde un salón del presidencial Palacio Quemado de La Paz, el mandatario boliviano confió este semana a la prensa extranjera que «recién estoy convencido de que el destino es el destino» a la par de «nuestros abuelos (que) dicen que ‘alguien está destinado'» para cumplir un rol en la vida.
La buena estrella de Juan Evo Morales Ayma estaba aparentemente definida.
«De Orinoca (su comarca natal) estaba volando hacia mi cerro Cuchicuchi, ‘¡qué lindo había sido volar!’, decía, y viene la nube, estaba pensando ‘qué hago ahora, si entro a la nube’ porque cuando no hay nube puedo ver dónde caer o aterrizar (..) y desperté llorando», cuenta Morales.
Entonces tenía entre once o doce años, recuerda, y «cuando le conté a papá me dijo: «Evito, te va a ir bien, respeta a mayores y menores, te va a ir bien en tu futuro».
Y le fue bien: logró convertirse años después en el primer presidente indígena de Bolivia con una votación inédita del 57% y ratificado luego en las urnas con otro récord de 67%.
Los primeros años de su vida fueron sin embargo extremadamente duros, marcadas por el hambre y la pobreza, pero luego de pastor de llamas, panadero músico de banda, futbolista y excluido aymara saltó al poderoso cargo de jefe de los sindicatos cocaleros hasta convertirse en primer mandatario de Bolivia.

