La felicitación, con motivo de la llegada de un nuevo año, es una costumbre dominicana. Los deseos pueden ser sinceros o no, pero palabras como prosperidad económica, salud, amor, viaje, suelen formar parte del lenguaje de nuestros conciudadanos.
Quien suscribe también desea a los dominicanos, de forma particular a mis lectores, el alcance de sus más preciados anhelos durante este 2013, pese a las grandes dificultades que vaticinan los estudiosos de nuestra economía.
La ley de reforma tributaria (no fiscal) ya entró en vigencia y todos los bienes y servicios empezaron la tendencia alcista, lo que conlleva reducción del poder adquisitivo de la gente y obliga a realizar ajustes en el gasto, ocasionando baja en el nivel de vida.
Todos los que reciben ingresos fijos tienen que rediseñar su presupuesto y la situación empeora para el ejército de desempleados, porque las empresas hacen recorte en sus nóminas. Al aumentar la tasa de desempleo, se incrementa la pobreza social.
El panorama económico no es halagador. Y la crisis económica provoca crisis social y esta a su vez crisis política. Ojalá y el presidente Medina, de quien algunos comunicadores dicen que es un hombre bien intencionado, pueda hacer magia para evitar problemas mayores. Pero es difícil revertir la realidad.
Los propios organismos multilaterales se resisten a realizar nuevos desembolsos, indignados por un déficit fiscal que estiman en 205 mil millones de pesos. Adicionalmente, hay una crisis planteada con el gobierno venezolano, que desaprueba la presencia de Felucho Jiménez en la Refinería Dominicana de Petróleo.
Ante las desfavorables perspectivas económicas no es motivo, sin embargo, para que los dominicanos se crucen de brazos. Los problemas se enfrentan y se superan, por lo que reitero mis felicitaciones y buenos deseos a todos mis hermanos dominicanos.

