El pasado domingo, los ojos del mundo se enfocaron en la final del mundial de fútbol FIFA 2022, la emoción y la tensión que nos hizo vivir el partido entre la selección de Argentina y Francia fue palpable. Mas allá del fanatismo deportivo, entiendo constructivo analizar este evento desde la perspectiva política y de planificación gubernamental.
Catar fue seleccionado como el primer país árabe en ser anfitrión de la Copa del Mundo el 2 de diciembre de 2010.
En 2011, El nombraron el Comité Supremo para la Entrega y Legado y el Comité Organizador Local para que se encargaran de la infraestructura, operaciones y planificación en antelación a la celebración del evento.
Con una población de aproximadamente 3 millones de habitantes, y con todos los estadios dentro de un radio de 50km alrededor de la ciudad capital, Doha, Catar sería el país anfitrión con el espacio geográfico más compacto en toda la historia. Los cataríes tuvieron la visión de adoptar la Copa como un catalizador para acelerar el progreso que habían logrado hasta el momento, y alcanzar las metas de desarrollo nacional que han establecido para 2030.
Los cataríes supieron aprovechar una tremenda oportunidad para la región del medio oriente, conectando a billones de personas y teniendo el escenario perfecto para mostrar su identidad cultural al mundo. Para ello invirtieron más de $220 billones de dólares en construir estadios, hoteles, avenidas, redes de metro, y expandieron el aeropuerto.
Ser país anfitrión de la Copa, usualmente representa un hito para el país sede, con implicaciones trascendentales para las comunidades locales, desarrollo de infraestructura y provisión de servicios.
Desde el empleo y entrenamiento de miles de empleados y voluntarios, el transporte de cientos de miles de fanáticos, garantizar la salud de los jugadores, así como la seguridad en múltiples eventos multitudinarios que ocurren simultáneamente. La escala y complejidad del torneo genera tantas oportunidades como retos que deben ser manejados efectivamente para resultar en un torneo exitoso.
Catar ha dado una lección al resto de países pequeños y al mundo de lo que se puede lograr cuando hay una planificación estatal, cuando se invierte en asesores y profesionales, y cuando se aprovechan los recursos naturales de forma estratégica.
El gobierno dominicano ha hecho un intento por diversificar las alianzas internacionales, cultivando relaciones con países árabes, como Catar, con economías fuertes y crecientes.
Estas pudiesen brindar amplios beneficios para el país de cara al desarrollo de las industrias de exploración y explotación de hidrocarburos, turismo de lujo, y energía. Es momento de mirar más allá de los socios comerciales tradicionales. Y abrirnos a nuevos mercados.
Por: Orlando Jorge Villegas
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