Marco Aurelio decía que los buenos gestos humanos acercan al hombre más a Dios. Interpretando esto, la lealtad de un hombre a sus principios y a un amigo, en un mundo inmundo como el de hoy, es difícil.
Sin embargo, cual estatuilla cuyas letras se deben escribir en oro y marfil, aseguro que esta acepción se enmarca en la frente, cual oriflama de mi eterno compadre y amigo del alma, en todas las contingencias de la vida: el profesor y ex magistrado Florencio Rodríguez Jiménez, cariñosamente Caifita.
A este templo de trabajo lo conocí hace 46 años en Sabana Grande de Boyá, tierra pródiga y fértil, también de mis amores, ensueños y recuerdos inolvidables, en 1965, cuando era yo procurador fiscal de San Cristóbal y me correspondía esa demarcación que hoy es Monte Plata, Villa Altagracia, Yamasá, pueblos que admiro con cariño inmenso y emociones infinitas.
A Florencio, entonces fiscalizador de ese Distrito Municipal, lo visité en el Juzgado de Paz y luego en su residencia, conociendo a su ilustre esposa Dulce, una virtuosa de la amistad.
Mi compadre Caifita es un hombre inteligente, audaz, gentil, noble, servicial, sincero, que no conoce el miedo sino la verdad, el deber y la responsabilidad. Llama al pan pan y al vino vino, y un enjundioso servidor público de manos limpias.
Caifita empezó a trabajar como profesor en Majagual Adentro, una sección Sánchez, Samaná y posteriormente ocupa fue alguacil de estrado y secretario del juzgado en Sabana Grande de Boyá, fiscalizador en Vicente Noble, Barahona, y en el Valle Sabana de la Mar, Higüey, fiscalizador en Descubierto, Jimaní, juez y fiscalizador en Sabana Grande de Boyá, encargado de perforación de pasos tubulares del Instituto Agrario Dominicano en el Sur, supervisor de Mecanización Agraria de la Secretaría de Agricultura, juez de paz de Haina, ayudante civil con asiento en el Palacio Nacional y asistente especial de los ex secretarios de Estado, Atilio Guzmán Fernández y Domingo Porfirio Rojas Nina.
También fue inspector del Consejo Estatal del Azúcar, supervisor encargado de las canastas populares del Inespre y jefe de inspectoría de la Dirección General Forestal.
Con su genial esposa y adorable cumbre Dulce, ida a destiempo, procrearon a Mara Raquel, Flora Elisa, Idalia Josefina, Florencio y Jacqueline Mercedes, todos brillantes profesionales en diferentes ramas.
En Sabana Grande de Boyá realizamos diferentes investigaciones, como el caso de Rincón Claro, Las Tierra de Majagual y Los Haitises.
En 1966, al ser electo diputado por San Cristóbal, visitaba todos los meses Boyá, Monte Plata, Villa Altagracia, Haina, Bayaguana y Yamasá, y sometí al Congreso la elevación a municipio, junto al ilustre senador doctor Adriano Uribe Silva. Así logramos que el Gobierno de entonces construyera el acueducto, escuelas, reparación de sus carreteras, planteles deportivos y caminos vecinales, entre otras acciones.
El honorable Ayuntamiento de allí, nos declara, junto al senador Nano Uribe, como hijos meritorios y distinguidos de esa municipalidad, con dos días de regocijo.
Florencio Rodríguez Jiménez, héroe anónimo del trabajo, destacado servidor del Estado dominicano, quien debiera ser condecorado por su exitosa labor con honradez y dignidad.
Caifita, símbolo de lealtad y de buena voluntad.

