Leyendo las reacciones al discurso presidencial del 27 de febrero pensé en las palabras de Frei Betto cuando, en el reciente encuentro con Fidel, hacía un comentario sobre el movimiento mundial de los Indignados. Inició con una cita de Gramsci: El pueblo tiene las vivencias, pero muchas veces no comprende su situación. Nosotros, intelectuales, comprendemos la realidad, pero no la vivenciamos.
A seguidas formuló preguntas: ¿Por qué no hay movimientos progresistas en el mundo, con excepción de los de América Latina? ¿Qué propuesta tenemos ante la crisis financiera en Europa?, para concluir que el movimiento de indignación que ha ocupado a Wall Street no tiene un proyecto, no tiene propuesta, metas y que solamente con la indignación no se tumba el muro (Wall).
¿Dónde radica la debilidad del movimiento? En su ausencia de raíces populares, contacto con el pueblo, algo que ha diferenciado históricamente a la Revolución Cubana de las otras revoluciones, aún las que se han llevado a cabo en el continente y sobre todo en Europa, donde el socialismo venía de arriba para abajo.
Frei Betto insistía sobre el carácter bancario de los movimientos de izquierda, donde siempre se asume que se habla por las masas, y reclamaba que todo aquel o aquella que quisiera promover el cambio debía hacerse una autocrítica, preguntarse como está su inserción social para la movilización política y qué proyecto de sociedad está elaborando JUNTO con el pueblo.
Fiel a su compromiso con la fe, como dominico, terminó preguntando: ¿Qué significa el evangelismo de Jesús? Significa dar comida a quien pasa hambre, salud a quien está enfermo, amparo a quien está desamparado, ocupación a quien está desocupado. Eso está en la letra del Evangelio.
Y esa es la tabula rasa por la que se deben medir los logros de un gobernante, por eso Frei Betto insiste en que la Revolucion Cubana es una obra evangélica. Palabras difíciles de asumir en una sociedad como la nuestra donde persiste un cristianismo declaratorio, de salón, donde se responsabiliza a los pobres de la solución de su pobreza, y donde millares de jovencitas se mueren por la mala atención en los hospitales y el desempleo juvenil provoca un inevitable e irreprimible predominio de las drogas en los barrios populares.
Cada quien tiene derecho a crear el mundo que se imagina. El presidente Fernández hizo lo que pudo por recrear el Nueva York Chiquito de sus sueños, y trató de mediar entre los dueños del país que sí tienen el poder para torcerle el brazo. Gastó el dinero en infraestructura porque conoce la innata tendencia de la burocracia a robar y las obras quedan, lo mismo hará el próximo presidente, que esperamos recree la República Dominicana del Evangelio.

