Nunca antes había visto al doctor Leonel Fernández enojado. Esta vez si. En una alocución televisiva, en la que se dirigía al país, anunció tolerancia cero al narcotráfico y dispuso la cancelación de todos los funcionarios militares involucrados en ese sucio negocio. Y dando un golpe en una mesa aseguró a los dominicanos que erradicaría la delincuencia que nos afecta.
El presidente Fernández, mi amigo de la UASD, dispuso la paralización de todas las obras de relumbrón y sus recursos dirigidos a la mejoría de la educación pública, salud y energía eléctrica, servicios esenciales para el desarrollo del país.
Lucía molesto, condenó la corrupción administrativa, calificándola como una de las causas de los niveles de pobreza social, abogando por transparencia plena en los organismos estatales y anunció la designación de la señora Nuria Piera en la Contraloría General de la República.
Otros dominicanos honorables pasaron a ocupar posiciones relevantes en el tren administrativo, incluyendo a dirigentes opositores, sindicalistas, periodistas, empresarios y miembros destacados de la sociedad civil, con el fin de adecentar la cosa pública.
Anunció un aumento de sueldo para todos los servidores públicos y una rebaja sustancial de los combustibles. Hizo énfasis en la necesidad de desarrollar la producción nacional, con fines de exportación a los países del continente, para generar divisas fuertes y saldar la deuda externa.
Aunque mostraba un rostro alterado, que no es su estilo, para el suscrito fue el mejor discurso pronunciado por mi amigo Leonel, por quien nunca he sufragado, pero expresé, en ese momento de entusiasmo, la necesidad de que este hombre siga conduciendo los destinos nacionales. Lleno de alegría le dije a mi esposa: ¡Cuatro años más y después hablamos! pero la felicidad duró poco, porque en ese momento desperté… Fue un sueño.

