Parece fácil, y lo es. Mezclas colores, símbolos y caras conocidas, y tiene como resultado una agrupación, incluso reconocida por la JCE con participación en contiendas electorales y en los fondos públicos. Su presencia no garantiza, sin embargo, que llegue a constituirse en una fuerza electoral notable y gananciosa en los procesos. Más que los lineamientos programáticos, su composición determina la trayectoria de ese nuevo partido. Figuras identificadas traen seguidores que avalan un posicionamiento acelerado, con el riesgo de que estos emergentes sean arrastrados por una reputación por lo general estrujada.
No se crea algo nuevo con lo viejo, a menos que se registre una transformación radical que cambie la percepción que la gente tiene de cada quien, lo cual se produce cada treinta años para ser exactos. ¿Por qué? Se trata de una cuestión generacional con varias explicaciones. Que al PLD le haya tomado casi 25 años llegar al poder no es casual.
Además, sin la presencia de un líder político de la magnitud de Bosch esa meta habría sido inalcanzable, por más doctrinas y catecismos que hayan empleado. Balaguer le dio una mano, pero este es un tema aparte harto conocido y tratado.
Los tiempos cambian trayendo nuevas eras. Eric Hobsbawm dedica amplios estudios a respectivas eras, a saber: imperial, revolucionaria y capitalista, y en cada una los factores de cambio y trasformación son completamente diferentes. En su Historia del Siglo XX, el autor británico ve asomarse la era tecnológica, pero su muerte reciente le impidió tener una idea acabada del ciclo.
Convive con el capitalismo dejando atrás las reglas que operaron entre los años 60 y 90, completamente diferentes. Por tanto, es probable que esto incida en el comportamiento político, lo cual no garantiza un rompimiento con el modelo anterior, pero abre las puertas a diferentes formas de evolución y transformación, desconocidas hasta ahora.
Esto significa que el esquema para validar un partido político sería otro, no el que describimos más arriba. ¿Cuál? No sabemos. Hay que probar con nuevas herramientas que las redes sociales facilitan. ¿Utopía? A lo mejor. Lo cierto es que ya la pava no pone donde ponía. Las formas de agrupamiento son diferentes.
Lo que es fundamental en el accionar político no varía, a menos que procuremos retroceder y permanecer estancados.
Para que un partido se mantenga debe comprometerse con las exigencias de la época y las líneas de pensamiento latentes. Y aceptar que existen condiciones invariables, como esta que plantea el poeta William Hazlitt: “La insolencia del poder es más fuerte que el alegato de la necesidad”.

