Podría argumentarse que Haití representa un claro, evidente y patético país agreste y despoblado, el cual viene arrastrando profundos y complejos problemas desde mucho más allá del siglo pasado.
Su monumental atraso, más la inestabilidad permanente, ha llevado al mundo democrático moderno a bautizar a esa empobrecida nación como un Estado fallido. Es decir, que todo anda mal, muy mal; posee una debilidad incuestionable en su administración pública y una ingobernabilidad que hace imposible su crecimiento y desarrollo sostenible.
Y en medio de esa paupérrima situación algunos haitianos, encumbrados, hablando en buen dominicano, están demostrando que son tígueres inteligentes.
En lo que se resuelve la metida de pata de los funcionarios haitianos, queda demostrado que alguien gana una millonada con esa medida sin importarle que se esté dirigiendo hacia un derrumbadero las relaciones comerciales entre ambos países.
Por eso, nos hacemos una pregunta: ¿Acaso existen intereses económicos ocultos, de origen haitiano-estadounidenses, a los cuales les interesa la paralización del comercio entre nosotros?
Está establecido que en la República Dominicana no hay gripe aviar. Hay que repensar el futuro acerca de nuestras relaciones comerciales.
Lo cortés no quita lo valiente. Y suficientemente solidarios hemos sido con la nación haitiana para que, dizque por denuncias difíciles de comprobar, unilateralmente, las autoridades haitianas les cierren las fronteras a los saludables pollos y huevos que se producen en nuestro territorio.
Da la impresión de que las autoridades de allí, los cuales no son tontos ni perezosos, están dispuestas a jugar su propio juego.
En conclusión, estamos frente a un presagio. A nuestras autoridades les corresponde prepararse ante otras posibles eventualidades que pongan en aprietos a nuestros productores, comerciantes y empresarios.

