Editorial

 Garra criminal

 Garra criminal

Muertes tan indignantes y repudiables  como las de tres agentes de la Policía abatidos este domingo por pandilleros que los emboscaron a la entrada del cementerio Cristo Redentor, son para que se actúe de la misma manera frente a la creciente y perturbadora ola criminal.

Pero también para que se dejen de lado  teorías y sermones y se preste más atención a las reales causas que provocan crímenes tan alevosos como los del teniente Mártires Pérez Díaz, el sargento Otaño Medina y el cabo Arturo Ramírez. El asesinato resulta más doloroso y desafiante al ocurrir cuando los agentes, que integraban una patrulla, cumplían con una misión que se ha tornado tan peligrosa como la de preservar el orden y la seguridad ciudadana. 

Lo ideal sería desmontar la atmósfera que propicia la ola delictiva que corroe a la ciudadanía, pero, mientras tanto, los criminales no pueden salirse con las suyas.

No es frecuente que  individuos armados la emprendan a balazos contra una patrulla policial que les ordena detenerse, como ocurrió en  Los Girasoles, en la cercanía de un destacamento, donde cayeron abatidos  esos agentes, que tampoco son los únicos que han perdido la vida a manos de una criminalidad frente a la cual no se puede andar con piedad ni contemplaciones.

 ¿Qué sucedería hoy si en vez de víctimas esos agentes  hubiesen sido victimarios? El teniente Pérez, el sargento Medina y el cabo Ogando  cayeron en el cumplimiento de su deber, a manos de bandoleros, en una tragedia que debería alarmar, al menos en la misma proporción, a quienes  se escandalizan con o sin razón, cuando algún supuesto delincuente muere en un intercambio de disparos.

El brutal asesinato de  tres policías   constituye un suceso ominoso, que indica que la delincuencia y criminalidad han tomado un derrotero  peligroso, que de no aplicarse ahora los remedios jurídicos, políticos y sociales, se convertiría en camino sin retorno.

La sociedad está compelida a formar un frente monolítico que opere como fortaleza y ejército para afrontar y enfrentar a uno de los  peores flagelos de estos tiempos, que  el  fin de semana enseñó, con  el asesinato de tres policías,  su peor garra criminal.

El Nacional

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