El caso del adolescente de 15 años muerto por un agente de la Policía en Villa Liberación es otro de los muchos homicidios en que se han visto involucrados miembros del cuerpo del orden. La sanción impuesta a los homicidas por la Jefatura de la Policía no ha evitado la repetición de hechos sangrientos, que causan luto y dolor en la familia.
Luis Inchausti González fue alcanzado de un disparo cuando pasaba por el lugar donde agentes de la Policía enfrentaban a supuestos revoltosos.
El padre del joven culpó del homicidio a un coronel de apellido Familia, quien habría ordenado a los agentes, que habían actuado de manera pacífica, castigar a los jóvenes que protestaban en demanda de reivindicaciones.
Cierto o no, la realidad es que la Policía tiene que hacer más para evitar que tantos agentes se vean envueltos en hechos de sangre. Esa percepción de gatillos alegres es una realidad que tiene que superarse, no a través de declaraciones, sino en la práctica. Se trata de una rémora del pasado.

