Hay cosas que no logramos entender por más vueltas que le demos.
Nos ha extrañado sobremanera el hecho de que un miembro de ACROARTE, registrara el nombre de la Asociación, con todos los pelos y señales, en la ciudad de Nueva York.
Roberto Gerónimo dio un paso que a los ojos de todos los acroartistas, es reprobable.
Límites
La libertad de expresión y de acción no da para tanto. Gerónimo conoce muy bien las reglamentaciones internas de ACROARTE y las limitaciones que tiene como miembro de la Asociación en la filial Nueva York.
Ningún miembro-fundador ha tenido la osadía de tomar la sartén por el mango como lo ha hecho Gerónimo.
Lo último que podíamos pensar era que uno de nosotros se haría dueño de un nombre de marca que ya existe por 25 años y que, por añadidura, es reconocido a nivel mundial por sus repercusiones internacionales.
Decepción
Nos decepciona que un hermano acroartista -por lo menos, eso pensábamos que era-, haya incurrido en un desacierto tan evidente.
Nos hemos quedados con la boca abierta.
Los efectos que ha provocado el amigo Gerónimo en todos los que nos sentimos comprometidos con la causa ACROARTE, deben revertirse de alguna manera, para bien de la Institución y de sus miembros.
Única e indivisible
ACROARTE es una sola.
No existen ni existirán duplicados ni clones de ACROARTE.
Su sede está en República Dominicana.
No tenemos extensiones, ni sucursales, ni recintos, ni franquicias para otros países, porque es una institución concebida e impulsada por dominicanos y para los dominicanos.
Si en realidad salvaguardamos nuestros símbolos culturales, si realmente creemos en ACROARTE, debemos tomar en serio estas incursiones amañadas que atentan con la integridad de la única Asociación de Cronistas de Arte de la República Dominicana Incorporada y con el único premio a la grandeza artística de nuestra gente: el Casandra.

