POR LILLIAM FONDEUR
Las acciones individuales no son una alternativa real al problema de la inseguridad. Está demostrado que la posesión de armas de fuego genera violencia en vez de reducirla. Sin embargo, en el imaginario social se considera el porte de armas como una forma de protección a la vida, como un mecanismo de defensa propia, en una sociedad donde los hechos de violencia han dejado de alarmarnos y forman parte de la cotidianidad.
Han sido ampliamente debatidas las medidas anunciadas por la Secretaría de Interior y Policía en relación al porte de armas. Personalidades han opinado en contra. El Procurador General de la Republica ha ido más lejos al amenazar con cancelar a los agentes que retiren las armas a personas con licencia, defendiendo su legalidad. Apoyando el porte de armas para la defensa propia, eclesiásticos afirman que el país está saturado de armas, aunque quienes tienen más son los delincuentes.
Las mujeres también tienen derecho a proteger sus vidas. A pesar de que la Constitución consagra el derecho a la vida, a la salud, ese derecho no se le respeta a la mujer cuando no se le permite interrumpir un embarazo que amenaza su vida. A veces el embarazo actúa contra la mujer como un delincuente que la amenaza con agredirla o matarla. Para ella, el aborto es su arma de defensa.
Pero ante esa forma de agresión, el Estado parece ciego y mudo. La sociedad reclama el derecho a tener sus armas legales, pero las mujeres no pueden utilizar ningún arma ante las injurias que en ocasiones produce un embarazo. ¿No es, acaso, una agresión someter a un embarazo a una niña de 9 años violada y embarazada?, a pesar de que la puede llevar a la muerte o a destruir su vida, su futuro.
Las autoridades responsables de velar por la seguridad no pueden desconocer a las mujeres que mueren a causa de embarazos. La embarazada que tiene riesgo de morir por eso, no puede defenderse. No hay armas para ampararla, porque nuestro Código Penal la conduce al cementerio al penalizar la interrupción del embarazo en cualquier condición. No olvidemos nuestras altas cifras de mortalidad materna: 159 por 100 mil, es decir, 159 mujeres fallecidas por causas relacionadas con el embarazo por cada 100 mil nacimientos, muertes debidas en muchos casos a abortos en condiciones inseguras.
¿El derecho a la vida es sólo de los hombres y de las mujeres con muchos recursos económicos? La sociedad reclama la despenalización del aborto en casos específicos. Las niñas y mujeres desean ejercer el derecho a proteger su vida, defenderse del agresor, en este caso un embarazo.
Este próximo sábado, en Diagnóstico, tu programa de salud, compartiremos con el doctor Orlando Sturla, neumólogo, acerca de afecciones respiratorias por los cambios de temperatura. Diagnóstico es producido y conducido por quien escribe esta columna y se trasmite los sábados, a las 10:00 de la mañana por el canal 13.
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