Recientemente, un matutino publicaba en portada la foto de una bonita muchacha, teñida de rubio, y preguntaba: ¿Qué hay detrás del asesinato de esta muchacha? La noticia versaba sobre el brutal asesinato de una joven bailarina que había triunfado en Suiza, aunque solo había alcanzado ocho años de escolaridad. A pesar de haber ingresado a la clase media dominicana desde la más absoluta marginalidad, bailando en un cabaret que se llama Glóbulos Rojos, seguía comportándose como una joven marginal. De ahí sus amistades barriales y su práctica religiosa, creyente en despojos.
Este crimen es particularmente significativo porque las asesinas fueron dos muchachas de su barrio, quienes la convencieron de hacerse un despojo y la estrangularon. Después la quemaron, y la decapitaron. Aunque se dice que el móvil fue una suma de dinero importante que la joven había recibido de su esposo, creo, al ver las fotos de las asesinas, que debió existir un elemento de envidia feroz, porque la asesinada, además de ser bonita, había logrado lo que ellas, viviendo en la miseria, jamás podrían alcanzar.
Una conclusión inmediata es que la asesinada era ejemplo de mujeres traficadas y tratadas. De otro modo no se explica que con esa escolaridad y recursos hubiera podido llegar a Suiza. Su historia es común a la de miles de dominicanas tratadas por redes para el trabajo sexual con la cobertura de ser bailarinas. Muchas, la mayoría, mueren en el intento porque las convierten en drogadictas o alcohólicas, o porque se suicidan. Algunas, como esa joven, triunfan, es decir, un cliente literalmente las compra, las saca del burdel, y, en el mejor de los casos, se casa, para un final de cuento de hadas con apartamentos, yipetas y ropa de lujo.
¿Quien falta por investigar? El esposo, porque dada la tasa cero de crecimiento poblacional en Europa y la negativa de las europeas a parir, muchos cincuentones y sesentones están viniendo a Santo Domingo a buscar muchachas jóvenes con las cuales tener sus hijos. El problema es que después muchos las consideran madres no adecuadas y, o las mandan a eliminar, o les crean expedientes de problemas con la salud mental. Nuestros consulados han manejado casos así, internamientos en manicomios de dominicanas cuya enfermedad mental es no conocer el idioma y no poder defenderse.
Si antes los europeos compraban la sangre que vendían nuestros pobres para transfusiones, (práctica superada a partir del SIDA), ahora compran la sangre en sus envases, no por casualidad el nombre del Bar donde trabajaba la joven asesinada es Glóbulos Rojos.
Es vampirismo moderno para un cuerpo, la nación dominicana, donde el problema es la multiplicación, por infección, de los glóbulos blancos.
