El incidente durante el cual un guardián de una sucursal de laboratorio Doctor Collado hirió de un cartuchazo a un mensajero es otra buena muestra del nerviosismo que caracteriza a la población frente a la encrespada ola de la criminalidad y la delincuencia. El suceso no tiene otra lectura, siempre que sea cierta la versión de Juan Matos Espinosa, quien dijo que disparó a Roberto Ávila Ferrán porque le pareció sospechosa la forma en que llegó en un motor al establecimiento. La gente no solo está a la defensiva, sino que pasa a la ofensiva, como se ha demostrado, en cualquier circunstancia.
Ávila Ferrán había llegado en una motocicleta Honda-70 al parqueo del establecimiento, ubicado en la calle Jacinto Mañón, del ensanche Paraíso. Como los atracos están a la orden del día el guardián no se hizo esperar para hacer uso de su arma. El nerviosismo que el suceso traduce tiene que desmontarse a través de medidas que restauren y fortalezcan la confianza en la ciudadanía.

