Opinión

Hipólito y el PRD

Hipólito y el PRD

El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) transita otra de las tradicionales crisis internas que no sólo han limitado su presencia en la vida pública, sino, y lo que es peor, que han mellado su historia. Como otras tantas ocasiones las ambiciones personales constituyen el detonante de la confrontación que lo ha marchitado, colocándolo en la ruta opuesta del camino trillado bajo la orientación de su finado líder, el doctor José Francisco Peña Gómez. Antes que aprender la lección sobre el daño que ha significado esa rebatiña, la cúpula del perredeísmo no ha hecho más que exacerbarla y reproducirla.

En la actual crisis, que su secretario general, licenciado Orlando Jorge Mera, ha definido como una de las más problemáticas de su historia el ex presidente Hipólito Mejía emerge como uno de los principales protagonistas.

El mismo Hipólito que no vaciló en utilizar los recursos del poder para castrar los principios del PRD y modificar la Constitución para reintroducir la reelección. Ese Hip0ólito que ha dado pruebas suficientes de que no siente respeto por la palabra y de  que no le preocupa en lo más mínimo, ni siquiera cuando ocupó la Presidencia, las consecuencias de sus actos,  pero que después de cosechar resultados tan adversos se pensaba que podía estar arrepentido de sus aventuras.

Al parecer no hay forma de que entienda que su carnaval pasó y de que su obstinada hegemonía representa una retranca, tanto para el PRD, urgido de ideas y figuras frescas, como para el debate que necesita la sociedad. Él y todos esos dirigentes que han envejecido, que su estilo  no sintoniza con los tiempos harían un gran aporte si ceden su espacio a esos jóvenes, entre los que hay  profesionales brillantes, para que asuman las riendas de ese partido.

Es lamentable que por el protagonismo de gente que cumplió su  rol el PRD actúa como un partido sin dirección  ni  perspectivas. Tan atrapado está en sus conflictos que parece haber perdido  la capacidad para relanzar su propio proyecto y hasta para capitalizar  coyunturas como la cumbre para unificar la sociedad promovida por el presidente Leonel Fernández. Su secretario general ha confesado que para él fue muy triste ver cómo en el curso de estos días las ambiciones personales se han colocado por encima de los intereses nacionales.

Pese a las dificultades del ingeniero Miguel Vargas Maldonado para unificar el PRD en torno a su candidatura, así como a la agresiva ofensiva del Gobierno, es muy significativo que en las elecciones de mayo de 2008 ese partido alcanzara más de un 40% de los votos. Sin embargo, Vargas Maldonado no ha podido fortalecer el  liderazgo que necesita el PRD porque las fuerzas que giran en torno a Hipólito, es lo que se dice, no se lo han permitido.

El PRD, no obstante sus crisis y el inmenso daño que le han infligido dirigentes ansiosos de poder, todavía tiene la plataforma adecuada para terciar en los debates. Pero debe tener muy en cuenta que tanto como reglas claras su éxito está supeditado a un necesario  proceso de reingeniería de ideas y figuras para no terminar de hundirse por el camillo que lleva. Hay muchos espejos.

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