La situación de incertidumbre económica global derivada de los ataques unilaterales belicistas de Estados Unidos e Israel contra Irán, y la respuesta con misiles por el estado musulmán, tiene repercusiones mundiales inmediatas que impactan, básicamente, el precio del petróleo y su transporte por aguas iraníes.
República Dominicana, con economía dependiente y alineada al interés geopolítico estadounidense, comienza a sufrir estos embates que obligan al presidente Luis Abinader a anunciar acciones para enfrentarlos y mantener la estabilidad económica y social, subsidios focalizados y la inversión pública.
En inusual mensaje dominical a la nación, el mandatario expresó su optimismo racional para superar la inminente crisis, a consecuencia de factores externos de fuerza mayor, con el realismo de que ha llegado el momento de la verdad, con honestidad política y voluntad de enfrentar el impacto de la crisis.
Tres renglones importantes: electricidad, transporte y alimentos, tendrán variaciones en perjuicio del consumidor, en paráfrasis de la exposición del presidente, lo que implica que decisiones de gobierno deberán ser cautelosas, racionales y pensadas para lesionar al mínimo a los desheredados de fortuna.
La historia enseña que en anteriores situaciones parecidas, la soga ha roto por lo más débil, como sentencia el refranero popular, que son los sectores de menores recursos, incapaces de tener reservas para sortear días dificultosos como se anticipa serán los venideros y con un entrono exterior de adversidad.
Este es el momento para asumir, como sociedad y de forma individual, actitudes y respuestas que pongan en el centro el interés de la mayoría, que asimilen sacrificios, con buena voluntad y experiencia, y que la clase política y el liderazgo gubernamental se unifiquen en esfuerzos colectivos que al final se constituyan en signos de aliento familiar para dar a cada quien lo que le toca.

