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Pero, ¿cuáles huellas de Fernández Granell han quedado entre aquel exilio esplendente que llegó al país en la década de los 40’s? Muchas pisadas ya no existen y otras se han ido transformando a medida que los nuevos conceptos sobre el lenguaje visual organizan el desarrollo de los nuevos discursos estéticos. Ya los coleccionistas de reciente cuño no se apasionan tanto por el surrealismo, aunque es innegable que su enunciado supervive en las nociones actuales del arte.
La admiración de Bretón por Fernández Granell fue tal, que después de su partida de Ciudad Trujillo, continuó su amistad con el artista coruñés y en un manuscrito de 1960 lo incluyó entre los pintores surrealistas, junto a Roberto Matta, Wilfredo Lam, Arshile Gorky y Alberto Giacometti, “integrándolo junto a Salvador Dalí, Joan Miró, Óscar Domínguez y Remedios Varo como uno de los pocos artistas españoles que formaron parte de dicho grupo” (Artículo de Noelia Díaz en laopinióncoruña.es, del 18 de abril del 2010). Apadrinado por Bretón, Fernández Granell expuso en París en aquella histórica muestra colectiva de los artistas pertenecientes al grupo Le Surréalisme, en 1947, que organizó la Galerie Maeght, así como en una individual montada en la galería del surrealismo, À L’Étoile Scellée, en 1954.
La estadía en República Dominicana de Fernández Granell fue un rayo vigoroso y profundo
En “Meditaciones sobre un caballo de juguete”, Ernest Gombrich, citando a Joshua Reynolds, admite que “un pintor de historia pinta al hombre en general (y un) retratista a un hombre en particular, y, por lo tanto, a un modelo defectuoso (Gombrich: E.H.: Meditaciones sobre un caballo de juguete. Editorial Debate, 2003).
Si se entendió la cita, la explicación no es demasiado extensa: en el discurso del arte, sólo aquellos productores capaces de comprenderlo con sus imperfecciones, con sus trampas, con sus virtudes, con sus mutaciones y adversidades, pero sobre todo con esas maravillosas sustancias que posibilitan los goces y los sueños, pueden trascender la historia y, permaneciendo en la magnitud del tiempo, crear las matrices que perpetúan su obra.
Y Eugenio Fernández Granell, cuya permanencia en nuestro país fue un rayo vigoroso y fecundo, abrazó con su talento la totalidad de un cosmos que aún reverbera en cuatro generaciones de artistas nacionales que, aún conviviendo con una postmodernidad avasallante, retienen en sus trazos la memoria de aquella década prodigiosa de los 40’s.

