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Idolatría

Idolatría

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Aunque distanciado generacionalmente de Elsa por una promoción, la obra de Dionisio Blanco recoge instancias de un imaginario pertinente al obrerismo rural, en donde sobreviven sembradores cuyos rostros evaden reconocimientos, estableciéndose como héroes anónimos. Blanco participa en la muestra con un lienzo titulado Papá Liborio guardián del espectro.

Como en toda su producción, Geo Ripley escarba en lo metafísico y ejecuta una obra figurativa, Cósmico retrato, internándose en el action painting, mientras que Rosa Tavárez concurre a la exposición con una pintura que recoge el motivo que más incidió en los expositores, Las tres cruces, imprimiéndola del aire nostálgico que ha motivado su factura desde que abordó el realismo mágico. Una obra parecida a la de Rosa Tavárez es la que expone Martín Santos, Las mujeres de Papá Liborio. Hilario Olivo expone Gatagás y el Terror Luis en convite, envuelta en clave expresionista-figurativa.

Enriquillo Rodríguez Amiama expone una obra, Utopías que volaron, en donde los objetos simbólicos que pueblan la novela se mezclan en una totalidad que rememora el surrealismo. José Morillo, cuya producción naif ha mantenido fresca la ingenuidad que le abrió al mercado en 1998, presenta en la muestra El árbol perdido.

La pintura de Morillo favorece una comprensión cabal de ese árbol que Sierra describe admirablemente: “pudimos ver que a aquella otra mujer, junto al árbol, se le unía un niño. El mismo que había depositado la flor. Ella lo abrazó y, entonces, ambos lloraron”, [página 80].

Rosa Elina Arias participa con una obra abstracta, Apuesta en el río Ozama, mientras que Federico Cuello exhibe en ese genre art que domina a la perfección una pintura, Gatagás el divino, que recoge el universo sureño. Pedro Céspedes, con una trayectoria vehiculada a través de un evocador realismo mágico, participa con Rito de sanación, al igual que Silvio Reyes con Rayos de inspiración.

Osiris Gómez interpreta lo que historiadores, poetas y novelistas han visualizado desde el Sur —una región en donde subyacen las huellas visibles de nuestro pasado—, magnificando las avenencias de razas, las creencias y las costumbres, con la obra La mitología: el Sur profundo. En la pintura de Gómez, realizada en un magistral realismo que toca visiblemente la poesía, el lector se adentrará en los mitos tratados en la novela de Sierra.

Esta muestra, esta exposición de dieciocho productores plásticos dominicanos alrededor de la novela Idolatría, de Jimmy Sierra, es un verdadero hito, una señal de que texto y pintura pueden formar una maravillosa yunta para hacer posible que los códigos que operan —tanto en el escritor como en el productor plástico—, formen un sólido sistema, una extraordinaria totalidad creativa.

Por eso, esta muestra, además de ejemplo, es una puerta que abre el imaginario nacional hacia múltiples figuraciones, además de señalar una vía para que nuestros textos clásicos vuelvan a ser interpretados desde los púlpitos calurosos de museos y galerías. Con esta exposición, Sierra ha vuelto a situar sus búsquedas en un escenario de excelencia.

El Nacional

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