SANTIAGO. La Iglesia Católica criticó la sustracción de las tapas metálicas de las alcantarillas colocadas en calles, avenidas y aceras, recordando que esos huecos han provocado muchos accidentes, algunos con saldos fatales.
Por intermedio del editorial de este domingo del semanario Camino, vocero escrito de la Conferencia del Episcopado Dominicano, considera que las aceras y calles de muchos pueblos dominicanos se han convertido en espacios peligrosos para transitar.
A la ola de robos, atracos, secuestros y otros hechos vandálicos se agrega la sustracción de las tapas de los hidrantes e imbornales, que han provocado muchos accidentes, algunos con saldos fatales, agrega el editorial titulado Esas tapas.
Según Camino, hay trayectos en los que no quedan tapas y las personas tienen que caminar por un espacio minado como si vivieran en tierras desoladas por la guerra.
Estima que como consecuencia de esa situación los discapacitados, niños y ancianos son los más vulnerables.
El irrespeto por la vida ha crecido tanto en la sociedad actual, que a los responsables de este hecho no les importan las consecuencias. Además, cuentan con el manto de la indiferencia de quienes tienen que frenar estos actos, dice el editorial.
Empero, el semanario Camino estima que aún hay esperanza en ayudar para resolver ese problema, poniendo como ejemplo que en Santiago hay un buen ciudadano que ha construido decenas de tapas de madera para colocarlas sobre los hoyos dejados por los malhechores en las aceras. Tras catalogar esa actitud como una noble acción, el semanario Camino indica que la misma ha impedido que personas indefensas sufran fracturas o pierdan la vida al caer de repente en uno de estos huecos.
Acciones como ésta podemos hacerlas en otras esferas de la vida nacional, detengamos el mal con acciones buenas, pues tenemos que florecer en donde estamos plantados, termina diciendo.
En la Capital
Miles de tapas de los filtrantes de las principales calles y avenidas de la Capital y Santo Domingo han sido robadas por personas que las venden a fundiciones para convertirlas en metales. Muchos han sido apresados, pero de manera inexplicable, en los tribunales son dejados en libertad o sólo le fijan pequeñas fianzas, por lo que vuelven a cometer las fechorías.

