La frontera dominico-haitiana es una manzana de discordia, cargada de datos subjetivos pero igualmente objetivos. Entre los primeros, los prejuicios. No obstante, razones humanas obligan a razonamientos que conduzcan a elevar la calidad de vida de nuestros ciudadanos, respuesta que envuelven cuestiones políticas de convivencia con nuestros vecinos.
Por mucho tiempo cada gobierno intenta y/o promete mejoras substanciales, y creo que las ha habido, aunque dejen de satisfacer las esperanzas. Nuestros pueblos fronterizos son otros en relación a quince o veinte años. Hay menos pobreza y en términos urbanísticos también ha habido cambios positivos. En unos más que en otros.
La carretera internacional requiere mayor atención en cuanto a su reconstrucción y diafanidad de sus límites. El tiempo ha ido borrando cosas vitales.
Para provocar inyección de recursos privados, el Estado auspicia alicientes fiscales, lo cual me parece correcto, en tanto haya la respuesta esperada y en las condiciones de la propia lay. Supongo que hay reglamentos y equipos de trabajo para su puesta en práctica. Hoy hay quienes creen que deben mantenerse los estímulos en forma infinita, lo cual creo innecesario.
Por encima de los gobiernos están los ciudadanos y el territorio es una isla de dos naciones
¿Hay formas de medición del impacto de tales Incentivos Fronterizos? Si no las hay debemos medir su impacto en el ciudadano respecto de los objetivos de la propia Ley, si ha cumplido con sus propósitos y si el inversionista se siente cómodo, habría que rediscutir planes o de ampliar racionalmente las condiciones para captar mayores inversionistas.
Para algunos es una locura porque partiríamos del supuesto de que el mayor beneficiario sería el sector privado y el haitiano fronterizo. Una cosa y la otra son positivos, razón por lo cual veamos asuntos subjetivos como lo moralmente aceptable y aspectos tangibles como lo éticamente atendible, en un contexto de políticas oficiales respecto del Estado dominicano.
El Estado tiene sus necesidades pero jamás desde el punto de vista del interés de un gobierno. Por encima de los gobiernos están los ciudadanos y su territorio en una isla de dos naciones.

