YAKARTA, 18 Ene 2015 AFP.- Indonesia ejecutó este domingo acondenad seis os por narcotráfico, uno de ellos brasileño, fusilado junto a otros cuatro extranjeros de Holanda, Vietnam, Malaui y Nigeria, una decisión que dejó «consternada e indignada» a la presidenta de Brasil. El brasileño Marco Archer Cardoso Moreira, de 53 años, acusado de introducir cocaína en el país, fue fusilado en la isla de Nusa Kambangan, en la costa sur de la isla de Java, donde hay una prisión de alta seguridad.
Junto a él fueron ejecutados un holandés, un nigeriano, un malauí y un indonesio. Una vietnamita fue fusilada por su parte en el distrito de Boyolali, en el centro de Java. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dijo sentirse «consternada e indignada» por el fusilamiento, indicó un portavoz. Brasil, igual que Holanda, decidió llamar a consultas a los embajadores de Indonesia. Se trata del primer brasileño ejecutado en el exterior en tiempos de paz.
Estos fusilamientos son las primeras penas capitales bajo la presidencia de Joko Widodo, que asumió el cargo en octubre. A pesar de su imagen reformista, Jokowi -el apodo con el que se le conoce- ha dado su apoyo a la pena de muerte en un país que tiene una estricta legislación contra el tráfico de drogas. «La guerra contra la mafia de la droga no se puede llevar a cabo con medidas tímidas porque las drogas han arruinado la vida de los drogadictos y de sus familias», dijo el presidente este domingo en un mensaje en Facebook. Jokowi ya había advertido que condenados no recibirían el perdón presidencial por el país se enfrenta a una «emergencia» en su lucha contra las drogas.
Oídos sordos a la clemencia
Un portavoz de la oficina del fiscal general, Tony Spontana, insistió en que las ejecuciones se realizaron de acuerdo con la legislación indonesia. «Hemos tratado esto de acuerdo a nuestras leyes ¡…¿ Hemos dado órdenes para que se cumpla el veredicto del tribunal, y estaría mal si no lo hiciéramos así», declaró. Todas las ejecuciones tuvieron lugar poco antes de medianoche, informó Spontana. Los condenados habían sido sentenciados a muerte entre 2000 y 2011.
Rousseff había pedido telefónicamente clemencia «como jefe de Estado y como madre» a su par indonesio, pero Jokowi replicó que todos los recursos jurídicos habían sido agotados.
«El recurso a la pena de muerte, que la sociedad mundial condena cada vez más, afecta gravemente a las relaciones entre nuestros países», dijo Brasil en un comunicado. Desde 2008 el gobierno indonesio respetaba una moratoria no oficial sobre la pena de muerte pero en 2013 retomó las ejecuciones. Moreira, un exinstructor de vuelo de 53 años, fue condenado en 2004 por introducir en el país más de 13 kilos de cocaína en los tubos de un ala delta. Otro brasileño, Rodrigo Muxfeldt Gularte, de 42 años, también está preso desde hace diez años por introducir cocaína en el país y podría ser ejecutado en febrero, según el diario Folha de Sao Paulo.
Rupert Abbott, director de investigaciones de Amnistía Internacional para el Sudeste Asiático, afirmó por su parte que las ejecuciones «representan una seria regresión» y lamentó un «día muy triste». «La nueva administración llegó al poder con la promesa de convertir en prioridad los derechos humanos pero la ejecución de seis personas va en contra de estos compromisos», afirmó. Abbott llamó además al gobierno a detener la veintena de ejecuciones previstas para este año. Antes de las ejecuciones, la Unión Europea (UE) había pedido a Indonesia que no utilizara la pena capital.
La pena de muerte, es «un castigo cruel e inhumano, que no sirve como un elemento disuasorio y representa una forma inaceptable de negar la dignidad humana», dijo Federica Mogherini, la jefa de la diplomacia europea. AFP

