Las estadísticas sobre la violencia infantil que ha documentado las Naciones Unidas son tan espantosas, que parecen increíbles. Cuesta aceptar que en una sociedad civilizada, 10,721 niños y niñas fueron, solo en 2013, víctimas de acoso, violación o agresión sexual. Por extremadamente alta y por la solvencia del organismo, la cifra, que puede constituir un récord en la región, es también muy preocupante.
El drama se agrava por la alta percepción de impunidad para situaciones de violencia contra la niñez. Los datos de la ONU, que también representan un desafío para la sociedad, son para que las autoridades reflexionen sobre la necesidad de elaborar y aplicar políticas eficaces contra la violencia infantil. El impacto de las agresiones se traduce en miedo de los niños hasta para ir a la escuela, traumático en todos los aspectos.
El caso no puede verse como aislado ni ser objeto de falsa lectura en una sociedad donde los feminicidios y los abusos sexuales se han convertido en una epidemia.

