La seguridad es transversal a todas las actividades de una sociedad organizada, siendo la garante del respeto y el cumplimiento a las normas establecidas, haciendo posible el libre ejercicio de los derechos y libertades en toda sociedad democrática. En estos momentos el Estado dominicano vive una situación anómica por lo que se demanda un fortalecimiento institucional y un rescate de los principios éticos y morales para cohesionar a toda la sociedad en el proyecto de nación anhelado por nuestros héroes fundadores de la república, aun inconcluso.
Los países desarrollados con un estado derecho efectivo por lo general tienen sistemas democráticos, políticas públicas, leyes y disposiciones firmes supuestos a ser inquebrantables. Y entendemos que debe ser la razón de toda sociedad organizada. Tal es el caso que, cuando en una situación se extrapolan las normas, los límites, disposiciones o costumbres, nos amenazan las crisis y los pueblos deben exigir la restitución de la normalidad o alertar ante posibles desviaciones.
Es para nosotros incomprensible y nos llama mucho la atención el hecho de que durante muchos años de reformas policiales se reclama como lo más importante la desmilitarización de la policía con la eliminación de sus rangos y cambios de todo lo que muestre militarismo. Sin embargo en estos momento demandamos y justificamos que nuestra calles sean militarizadas, con campamentos militares en los parques, armas largas de guerras en todos los espacios, sin interesarnos en profundizar todo lo que esto implica, nada más absurdo y disfuncional.
En los países desarrollados, cualquier sospecha de injerencia de las Fuerzas Armadas en los asuntos de Seguridad Pública se puede convertir en algo alarmante, para la sociedad dominicana lamentablemente pasa desapercibida y aquel que osara llamar la atención será víctima de los abusos del poder.
Es evidente que ni en nuestra República Dominicana ni en Estados Unidos ni en ninguna parte del mundo los militares son La Policía. Lo que tenemos es injerencias que cargan con el mal funcionamientos de estas instituciones, haciéndolas débiles y atrasadas. Hace falta concienciar en la República Dominicana a través difusión de pensamientos y prácticas democráticas que colaboren al desarrollo de la democracia.
Es inquietante conocer lo que pasa en nuestra sociedad con los servicios militares en las calles, lo hemos visto durante toda la vida y hace unos días más aun, de violar las leyes que restringen a los militares de participar en asuntos policiales. Hay que hacer más para asegurar que los militares no sean desplegados ilegalmente en este país. Promover la institucionalización de las funciones estatales de seguridad y defensa en el marco de la democracia.
La controversia de que los militares se estén involucrando ellos mismos en los asuntos de policía debe preocuparnos. Esto amenaza nuestro estado social y democrático de derecho.
Esto podría ser legal, pero el funcionamiento de estas unidades son turbias. Es importante que los militares estén bien capacitados en lo que la ley permite y en lo que no es permitido por ley.
Urge institucionalizar y garantizar que las líneas entre los militares y los policías sean restauradas con claridad y sean respetadas.
