¿Para qué sirven los intelectuales?
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Primero debemos definir qué es un intelectual, esa fauna, esa jauría de la sociedad contemporánea que sirve de soporte a muchas formas de pensamiento pero que tradicionalmente puede ser tendencioso y le ha hecho mucho daño a la sociedad.
Obviando las diferentes críticas científicas y la historiografía existente hasta hoy en la que coincidimos abordan una indiscutible complejidad en las doctrinas modernas del término intelectual.
Dicho término se usa por primera vez en Francia a finales del siglo XIX en torno al caso de espionaje e intriga política Dreyfus y se usaba de manera peyorativa y negativa, con el paso del tiempo fue aceptándose y reconociéndose como persona meritoria. Anterior a la palabra intelectual se denominaba filósofo, sabio, pensador, erudito, escritor, etc.
Según la definición clásica moderna, intelectual es la persona que se dedica al estudio de las letras, la ciencia, el arte y la cultura, en tal sentido se supone que tiene el deber moral de fomentar la reflexión crítica y racional en torno a la realidad y los problemas sociales. En relación al mismo se habla de las habilidades o capacidades cognitivas del ser humano, propiedad intelectual, coeficiente intelectual, intelectualidad y otros.
Los intelectuales, están siempre encopetados muy adeptos y generalmente genoflexos ante el poder. El intelectual contemporáneo es ese mismo cortesano de las monarquías europeas antes del nacimiento del Estado-Nación e incluso mucho después. Es decir, los intelectuales son una casta o un grupo de bomberos que no se pisan la manguera (como dice el dicho) son ambivalentes al momento de tener que establecer una posición política firme y clara.
A estos intelectuales actores también, se les llama politólogos y el papel de los politólogos es servir de relleno a políticos ignorantes con poder y de cerebros ociosos, para facilitarle engañar a la sociedad que también padece la ignorancia y mendigan del poder que les engaña y los regaña.
Un intelectual que se ha esforzado por adquirir una formación académica superior o que puede ser un autodidacta con cerebro privilegiado y se mantiene siempre en los círculos de eventos sociales relevantes usando traje gris o azul, uno que otro corbatín o lazo que pueda llamar la atención. Asisten a los velatorios de personas importantes o figuras famosas y que acostumbra a estar llenos de gente y reporteros. Allí zalamean, besuquean, abrazan, cabildean puestos, exoneraciones, sinecuras, hacen chistes o se ríen de ellos para mostrarse sumisos, obsequiosos, cercanos y serviles al poder buscando o esperando ser invitados al clientelismo parasitario de la teta del Estado (asesores, miembros de consejos o comisiones sin oficinas y embajadores sin embajadas…). Con ello dejan de lado su responsabilidad social ya que en realidad aportan muy poco o nada al desarrollo o al progreso del país.
Por otro lado, están aquellos intelectuales que se muestran distantes del poder oficialista y a veces hasta parecen disidentes y se dicen representar la sociedad civil, quienes se nutren de ONG, organismos internacionales, grupos empresariales y de otros poderes fácticos que lo que realmente hacen es hacerle el juego al sistema corrupto y corruptor irresponsable y siendo justificadores de una falsa democracia con servicios vacíos y ausencia de derechos.
Dios les bendiga siempre, pueblo dominicano. Todo por la patria.

