Opinión

Infuncionalidad institucional

Infuncionalidad institucional

La generalidad de los países de América Latina y el Caribe han vivido, históricamente, bajo una democracia representativa sostenida con diferentes criterios y distintas formas de dominios identificadas como dictaduras civiles encabezados por criminales y ladrones, o por militares salidos de los cuarteles.

 Pero siempre la democracia ha sido levantada como la forma de gobierno que encubre el despotismo y el ladronismo. Esa democracia, además, ha tenido siempre como base de sustentación el mismo sistema, igual ordenamiento social.

Particularmente para el pueblo dominicano la democracia no ha sido más que una ficción en la cual los ciudadanos y ciudadanas no son más que simples números, objetos, figuras decorativas motivadas por las cúpulas de los partidos del sistema para que cada determinado tiempo comparezcan a las urnas a depositar sus votos y así legalizar las instituciones que conforman el Estado. 

Una vez el elector o electora cumple con la formalidad del voto deja de ser actor dentro de la de democracia representativa.

La realidad ha demostrado que muy poco o nada, a nivel de representatividad, han logrado aquellos que creen que con los mecanismos de la democracia representativa pueden alcanzar objetivos verdaderamente democráticos. El Estado dominicano está sostenido por un sistema social sobre el cual se levanta una estructura jurídica e institucional que no responde a las aspiraciones y sentir democrático del pueblo dominicano. 

Los mecanismos que en conjunto componen el aparato estatal del país están carcomidos en su propia base; y todo lo que se mueve a su alrededor es inservible, inaprovechable.

 Comenzando por la Ley Electoral, siguiendo con el tribunal electoral hasta llegar a los partidos del sistema con sus cúpulas dirigenciales, en los marcos de la democracia representativa dominicana muy poco o nada sirve.

Por más instrumentos legales que se puedan crear la voluntad del pueblo seguirá viciada, desnaturalizada, en fin de cuentas, se materializará una estafa política que es lo que ha ocurrido hasta ahora.

 La infuncionalidad de las instituciones está en el material humano que las componen que llegan a ellas viciado, pervertido, dominado por la deshonestidad, por la politiquería, en sí, quien llega a estar en un órgano del Estado ha escalado hasta ahí por el clientelismo, el negocio político, en fin, por los distintos medios que el fenómeno de la corrupción hace posible para insertarse en un mecanismo de poder político del Estado.

El Nacional

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