El canciller de Taiwán ha sugerido que China Popular ofreció tres mil millones de dólares en créditos a República Dominicana para que rompiera relaciones con Taiwán e iniciara nexos diplomáticos con esa nación, una ofensa gratuita e innecesaria que hace pensar que el vínculo de casi 70 años entre ambos países no estuvo sustentado en sincera amistad ni confraternidad.
Se entienden las quejas del Gobierno taiwanés, de que China ha desatado una ofensiva de cerco diplomático en su contra, a través de gestionar que más naciones trasladen sus embajadas desde Taipei a Beijing, pero resulta inaceptable que se pase de la irritación al burdo insulto.
No hay que ser experto en diplomacia para entender que a una nación como la dominicana le conviene formalizar relaciones con la segunda economía del mundo, porque ayuda a su crecimiento económico a través de la inversión, financiamiento, turismo, cooperación y transferencia tecnológica.
El presidente Danilo Medina rechazó la acusación del ministro de exteriores de Taiwán, Joseph Wu, de que Santo Domingo rompió nexos con Taipei por la promesa de tres mil millones de dólares en financiamiento, al señalar que lo único que se pidió a Beijing fue que recibiera a estudiantes dominicanos becarios en Taiwán.
El canciller Wu, al proferir ese insulto olvida que República Dominicana fue el primer país que reconoció a la recién instalada República de China en Taiwán, en 1949, sin exigir nada a cambio, cuando esa joven nación era apenas un cantón de miseria.
La cooperación taiwanesa ha sido suspendida de inmediato, a causa de una decisión soberana del Gobierno dominicano, que no debería acepta imposición a cambio de dádivas, como tampoco negociar sumisión en canje por las contribuciones que realizan aquí Alemania, Japón, Unión Europea, Estados Unidos y muchas otras naciones, de la misma manera que en el pasado las recibió Formosa.
Es claro que China, principal acreedor de Estados Unidos, sería una óptima fuente de financiamiento para el desarrollo nacional, pero es una afrenta imperdonable divulgar la versión de que literalmente República Dominicana vendió su honor a China por 30 monedas, como tampoco lo hizo en 1949 cuando instaló la primera embajada en la entonces empobrecida Isla de Formosa.
El establecimiento de relaciones diplomáticas con China ha sido una decisión muy conveniente para los intereses de República Dominicana, cuyo Gobierno y pueblo guardan imperecedera gratitud hacia Taiwán, pero rechazan de forma vigorosa el inmerecido insulto proferido por el canciller taiwanés contra la honra nacional.

