Opinión

Insignia de orgullo

Insignia de orgullo

Todo ser humano profesa en su ego la insignia del orgullo, pero esta actitud no debe exteriorizarse radicalmente ni extremista, sino elástica, pues este fenómeno psicológico genera vanidad, odio, incapacidad en el autodominio personal de quienes creen hacer un culto a la adversidad, tornándose casi siempre en un bumerang.

Por eso, sociólogos, psicólogos y expertos en la conducta hurgan en su vestimenta trivial como la vida, expresando que el orgullo es igual a vanidad, arrogancia, presunción, altivez, jactancia, engreimiento y soberbia.

Aunque estas concepciones tienen similitud con la vanidad, expresión más amplia que define a quienes lo sustentan en demasía como altanería, envanecimiento, fatuidad, pedantería, ostentando, siendo antónimas y parónimas la sencillez, modestia, humildad, naturalidad entre otras preceptivas.

Una canción de Vicentico Valdez, si mal no recordamos, expresa que el orgullo no es la vida, es tan solo vanidad, y así Miguel Ángel decía: “No se que es preferible: el mal que me hace bien o el bien que me hace mal. 

El orgullo es la insolencia de la vanidad, y así grandes maestros del pensamiento en diferentes definiciones de estos temas, tal la insigne poetisa Sor Juana Inés de la Cruz, “Vale mas consumir vanidades de la vida, que consumir la vida en vanidades”,

Henry Lacordaire apunta que el orgullo divide a la humanidad y la humildad lo une. Así el gran Paladio dice: ¿para que la pompa y la vanidad?, desnudo nací, desnudo moriré, y el Divino Jesús en expresión eterna, proclamó, polvo eres y en polvo te convertiréis.

Como los vanidosos no pueden ser hábiles porque son capaces de callarse, refiriendo un pensador que las más violentas pasiones no dan a veces alguna tregua; pero la vanidad, nunca. Y así San Agustín en sus estudios sustentaba que el orgullo es la fuente de todas las calamidades, porque es la fuente de todos los vicios.

William Shakespeare y Bretón de los Herreros lo definen respectivamente así: el orgulloso se devora así mismo. No hay pasión que Ciegue tanto como el orgullo.

Analizando la insignia del orgullo, sustentamos que los orgullosos no piden excusas sino en silencio, porque piensan mirándose los pies o levantando el rostro igual que la hipocresía, por eso soy fervoroso de las expresiones de Hanns Hoppen cuando refiere: “Sed fieles. Sed fuertes, aunque luchéis en vano, el valor es la mejor sabiduría de la vida”.

Como el orgullo y la vanidad muchas veces enervan las canciones del alma, porque no podemos tener una idea real de quienes en los corrillos de las tempestades, solo guardan mutismo o poco hablan, y yo, en el itinerario de mi existencia, pienso como San Francisco de Asís:”yo necesito poco y este poco lo necesito muy poco”.

El Nacional

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