Opinión

Insostenibles

Insostenibles

Leonel Fernández hizo bien al anunciar que no tenía en agenda agravar la carga impositiva, pues lo cierto es que le hubiese resultado más que difícil justificar esta vez una nueva reforma tributaria. Prime-ro que nada, porque lleva mucho tiempo ignorando a quienes se han enron-quecido de tanto pedirle que reduzca el gasto público; segundo, porque el déficit fiscal que arrastramos es íntimamente afín a su carrera ree-leccionista, y tercero, porque el proyecto de presupuesto del 2009 in-cluye una autorización para contratar empréstitos por nada menos que dos mil ciento cuarenta y cinco millones de dólares.

De manera que si el Congreso Nacional lo aprueba sin modificacio-nes, esta administración dispondrá el próximo año de 80 mil millones de pesos adicionales, lo que obviamente le permitiría financiar el saldo deficitario de las cuentas públicas. Ahora bien, ese monto no parece ser compatible con la tasa de crecimiento del PIB, y es más que obvio que las restricciones al crédito derivadas de la crisis financiera interna-cional, obligará al país a consentir muy altos intereses. 

Peor aún, esa fórmula podría impedirle al Banco Central flexibili-zar su política monetaria, lo que mantendría anclados los tipos de inte-rés en los niveles actuales e incrementaría eventualmente la tasa de desempleo. No podemos perder de vista que la caída de la demanda global ha provocado una sensible reducción de nuestras exportaciones, obligando a muchas empresas, de zonas francas particularmente, a desahuciar a mi-les de empleados.

El caso más reciente fue el del Grupo M, que por efecto de la re-cesión de EEUU se vio precisado a liquidar 2,700 empleados de un total de 11,300. Y sería un error estimar que éste es un caso aislado, pues ante el notable descenso de las ventas que se verifica en todas partes, Honda y Toyota, dos gigantes automotrices, acaban posponer indefinida-mente sus planes de inversión.

Es predecible, pues, que de persistir durante el 2009 la recesión que afecta a las economías de los países desarrollados, como ha vatici-nado el FMI, el sector industrial del país se verá obligado a recortar su producción, lo que apunta inevitablemente a elevar el índice de des-empleo. De ahí que lo correcto sea disminuir el déficit fiscal a través de la reducción de la inversión pública, pues solo así sería posible disminuir las tasas de interés y, consecuentemente, estimular la acele-ración de la actividad privada.

En su alocución del lunes 8, el Jefe de Estado reiteró su inten-ción de iniciar la segunda línea del metro y otras grandes obras que a más de maniatar a las autoridades monetarias y financieras, resultarán insostenibles ante nuestras limitaciones presupuestarias. Asimismo, re-sulta un contrasentido que el gobierno carezca de recursos para asignar-les las partidas legales que les corresponden a la Suprema Corte de Jus-ticia, a los municipios y a las Secretarías de Educación y Salud Públi-ca, y en cambio, se proponga construir túneles, elevados y otras ambiciosas obras de infraestructura no prioritarias.

El Nacional

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