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Intentan asaltar periodista frente a El Nacional

Intentan asaltar periodista frente a El Nacional

¡Dame el celular y el dinero, o te mato!, me gritó el hombre desde una motocicleta  llevándose la mano a la cintura, en un intento de asaltarme esta mañana frente a la entrada de El Nacional.

La inseguridad en las calles  me puso como presa fácil de ese delincuente, a las 7:05 de la mañana.

 Los delincuentes  se han apoderado de la jungla en que han convertido las ciudades donde también son perdonavidas, porque con sus acciones delictivas tienen el poder momentáneo de decidir quién vive y quién muere.

El asaltante,  moreno, alto, con camiseta verde y jean,    manejaba una motocicleta de las llamadas Saltamontes, que no tenía placa. Frustrado en su intento de asalto, optó por continuar por la San Martín, doblando la Ortega y Gasset  hacia el norte, en busca de otra presa.

 Regularmente son asaltadas muchas personas en esta  zona, incluyendo 19 empleados de El Nacional , Hoy y El Día.

 En esa fracción de tiempo mi vida pendió de un espacio  pequeñísimo entre el motorista-asaltante y yo y su decisión de ejecutar su mandato, debido a que mi reacción fue  desoírlo, alejándome   de su lado en máxima alerta.

¡Dame lo que tienes o te doy un tiro!, insistió el asaltante, ahora  enseñándome un revólver en el cinto y sentado en su Saltamontes,  con mirada desafiante y  actitud fría. 

No le hice caso  y decidí caminar rápido hacia el parqueo del periódico, donde uno de la seguridad me esperaba en actitud vigilante, porque según me dijo vio con mucha sospecha al motorista que se detuvo y esperó que yo estuviera a su alcance.

Su carnada fue balbucear  algunas palabras, que no escuché bien porque él  tenía un casco protector, para atraerme hacia el lugar donde estaba.

¿Cómo se llama esta calle?, fue su pregunta, la que inmediatamente me dio la alerta de que se trataba de un ladrón y me retiré cuatro pasos hacia atrás, de ahí fue su mandato al darse cuenta de mi rápida reacción.

La San Martín es una de las avenidas más transitadas de la Capital y me resultó extraño que no supiera por dónde estaba transitando, por lo que con prudencia opté por alejarme.

Un café y un guineo en una mano, que acaba de comprarle al vendutero Santos, a la salida del parqueo, y el celular en la otra, eran mis únicas herramientas de defensa, que en ningún momento me pasó por la mente usarlas.

Me resistí, inconsciente en ese momento, a  engrosar la cifra de la gran cantidad de personas asaltadas en el país, pero pude ser también una de las tantas  ultimadas en las calles por resistirse  al robo.

Las calles en cualquier parte de este país se ha convertido en  un escenario de asaltos,  no importa la clase social o el color de la piel. En medio del susto y su reacción involuntaria del momento, siempre tenga pendiente de no enfrentar al delincuente, porque no vacilará en dispararle.

El Nacional

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