Olga Díaz Mora, economista y asesora del Banco Central, firma un artículo publicado el 19 de enero del 2012, al que el Listín dedica la pagina 5D por completo de la sección Economía & Negocios. El trabajo, titulado La fábula económica de un gran PIBocho [comillas y combinaciones de siglas y epítetos de la autora], fue escrito en cinco cuartillas a dos espacios, utilizando 1,588 palabras y 10,312 caracteres, distribuidos en 19 párrafos y 136 líneas.
No me preocupa adivinar que el anterior ejercicio contable les haya parecido inútil o irrelevante, tratándose de un análisis de una funcionaria del Bancentral, cuyos honorarios deben superar con mucho lo que recibe un humilde trabajador de la construcción, una empleada de zona franca o un maestro de escuela.
Pero dejarán de suponer que subyace en nosotros el afán de fuñir la paciencia al momento de leer el trabajo. De las 1,588 palabras y 10,312 caracteres, la autora utiliza las primeras 304 palabras, 1,946 caracteres, 5 párrafos y 28 líneas de su exposición escrita, no a demostrar su posición con respecto a las estadisticas reportadas por el Banco Central referente al comercio local, sino a insultar al economista Andy Dauhajre, a quien le dice hasta barriga verde, sólo porque cuestiona las cifras del Banco Central sobre el crecimiento y la actividad económica durante el año pasado. El Roedor, con todo y su apasionada pugnacidad, tiene mucho que aprender de esta bélica escritora.
La respuesta es, más que profesional, visceral. Tras un repleto repertorio de motes, diatribas y ensalzadas ironías, esta suerte de criada respondona [con el perdón de las honorables y sacrificadas criadas], se explaya por fin lo hace- en una explicación cantinflesca, en la que deja muy mal parada a la Dirección General de Impuestos Internos [DGII], insinuando una crasa ineficiencia por carecer de capacidad para controlar por lo menos el 50% de la actividad comercial, corporativa y profesional registradas en el país, incluyendo la inmobiliaria, citada por Dauhajre cuando compara los números del Bancentral con los aportados por la DGII.
En ningún momento aporta cifras convincentes para refutar a Dauhajre, limitándose a especulaciones conceptuales, a partir de lo que dicen los textos en materia de economía formal versus economía informal.
Refutar, sin embargo, las coléricas explicaciones de la economista no es asunto nuestro. El ultrajado debe tener suficientes monedas para responder. A nosotros eso sí-, nos llama la atención el inusitado estilo del Banco Central, sobre todo cuando se trata de una profesional vinculada a una institución cuya imagen debe resguardarse de utilizar formas tan poco elegantes. ¿Señalados reflejos de los últimos aletazos de una fiera vencida y atrapada, a punto de sucumbir?.

