POR: Danilo Cruz Pichardo
d_cruzpi@hotmail.com
La gente habla y escribe como si en República Dominicana hubiera un auténtico sistema democrático, pese a la falta de independencia de los poderes del Estado, los que lucen desprestigiados por una membresía que, en su mayoría, carece del perfil académico, equilibrio e independencia político partidaria. Todos los resortes del Estado están constituidos por activistas del PLD y sus aliados de la Iglesia Católica y del PRD “institucional,” que preside Miguel Vargas Maldonado por obra y gracias del Tribunal Superior Electoral, organismo que a su vez responde a las directrices de Leonel Fernández y Danilo Medina.
Y siendo la falta de institucionalidad un problema de carácter cardinal para el porvenir de la democracia dominicana, nuestra clase política muestra indeferencia, al tiempo que se afana desde ya en la búsqueda de los puestos electivos con miras al certamen comicial del lejano 2016.
Quienes están en esa tesitura, desde la oposición, se auto-engañan y engañan a sus compañeros creando falsas expectativas de triunfo, en un escenario político con un inmenso desequilibrio, porque quienes están supuestos a arbitrar son partes del partido oficialista. Y súmele el uso y abuso de los recursos del Estado que sin ningún escrúpulo hace el PLD en los procesos eleccionarios.
No procuro matar la ilusión a todos aquellos que, desde la oposición política al PLD, aspiran a desempeñar cargos públicos electivos. Tampoco soy contrario a las elecciones, las que considero la vía popular por excelencia para la escogencia de autoridades en el marco de un sistema democrático.
Pero las cosas que se observan desde los denominados poderes públicos obligan a poner los pies sobre la tierra y a abandonar actitudes ilusas. Con esos órganos electorales, lo digo hoy, la oposición no pasa. Trillar el derrotero electoral, sin resolver lo institucional, es invertir la tarea.

