Opinión

ISLARIO

ISLARIO

Erótica política

La política tiene su conconcito por lo bajo. Aún no bien salida de la placenta; la novísima Constitución de la República ya es materia de sesudos análisis y terribles retortijones estomacales.

Los propios “expertos”, otrora prohijadores entusiastas del insospechado “despropósito sustantivo”, no han esperado siquiera su “feliz” promulgación para declarar como inminente y necesario el futuro retoque de sus márgenes.

Los “honorables” de la “Sociedad Civil”, profetizan que por sus cuantiosos errores e inexplicables exclusiones; la Carta Magna de mañana, más que cura, devendrá en agravamiento.

Dos de los diputados defensores de la Ley de Partidos Políticos, críticos acérrimos del transfugismo en el pasado reciente, anuncian, desvergonzados, su disposición de sembrar sus intrigas y pasiones en otra parcela.

Jueces, narcos, artistas y uno que otro diputado de bajísima estatura, se muestran en animada francachela pública en un conocido bar de Santo Domingo Este.

Sin rubor ni temblor, pero con sentido apoyo; los “pacíficos” mantenedores del orden público, persiguen la sombra joven de su propio reflejo; armados de bisturí hasta los dientes.

Carecemos de radares que avizoren avionetas o lanchas que transportan drogas, mientras los haitianos se ríen de “la frontera” y es envidiado el presupuesto del eficiente Despacho de la Primera Dama, porque multiplica la sumatoria resultante del de más de cinco secretarías y direcciones generales; incluido el presupuesto de la DNCD, Juventud, Cultura, Medio Ambiente, Educación y Hogares Crea.

Tenemos 50 años con el problema energético, pero en las pasadas elecciones del Colegio Médico Dominicano se denunció el intento de la compra de médicos; ofreciéndoles laptops, inversores y baterías como regalos.

En Salud Pública escasean medicamentos para enfermos y trasplantados renales, mientras se agota la leche del Desayuno Escolar y ninguno de los partidos da muestra de su cantaleteado y electorero sentimiento patriótico, solicitando a la Junta Central Electoral, las reducción de su asignación económica y su disposición como “fondo permanente” para ir en auxilio de la comunidades rurales en extrema pobreza.

La dominicana es una sociedad atrapada en una especie de erótica del estercolero.

Se aprecia la indiferencia y la procacidad; como ingenio de la sobrevivencia y tópico de la audacia popular a mitad del absurdo.

Se justifican los despropósitos, porque ofrecen más provecho y menos riesgos que las acciones emprendidas, tomando lo correcto como brújula.

De una sociedad proactiva, solidaria y diligente; nos hemos convertido en un conglomerado de “sangre-cansada”; sin esperanza de desarrollo y con ninguna fe en el porvenir.

Somos “victimas inconscientes de la conformidad”. Nos columpiamos sin sueño de redención, ateridos al más patético de los desapegos; que ha de ser el más común de los sentidos, cuando caminamos hacia el futuro sin tener presente los valores paradigmáticos del pasado.

El Nacional

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