Los 41 años del Teatro Nacional Eduardo Brito celebrados con merengue del más alto nivel orquestal
La música lo puede todo. Puede saltar por encima de barreras del idioma, de las limitaciones del tiempo indetenible, responder polémicas sin polemizar, celebrar 41 años de excelsa labor de difusión de la cultura, reconocer obras que, nacidas del criollísimo ritmo nacional se nos presenta en la envoltura universal de una instrumentalidad sinfónica presentable en cualquier parte del mundo. Es que la música lo puede todo. Todo.
Muy pocas veces dos horas y 54 minutos habían sido tan bien aprovechados como en la oportunidad que seleccionó en Teatro Nacional Eduardo Brito para conmemorar cuatro décadas y un año de su fundación, con el concierto sinfónico que hizo vibrar la piel de muchos de quienes acudieron anoche al llamado en la Sala Carlos Piantini, al escuchar tres piezas vestidas del lenguaje musical sinfónico apoyado en la dignidad en su punto más elevado hablando sin hablar de sus “algodones!, su “jarro pichao” y otros aires del merengue noble y digno.
Quedan ahora en la mente colectiva las tres piezas interpretadas, Tres imágenes folklóricas, de Papa Molina – presente y orgulloso de la ovación que le rindió el público al final de ese trabajo con que abrió el concierto-; Merengue- Fantasía, del maestro Molina, – su hijo y continuador del quehacer musical extendido y trascendente- y el Concierto para Saxofón Alto y Orquesta, del maestro Bienvenido Bustamante, escrito como homenaje al instrumentista y adventista Octavio Vásquez (Tavito), a quien los mandatos de la vida terrenal no le permitieron llegar a estrenarlo como solista.
Paquito d’Rivera
El multi-premiado saxofinista nacido en Cuba Paquito de Rivera, que hizo su primer chiste al llegar al centro del escenario, cuando acomodaba los papeles del pentagrama “¡Yo me sé la música. Estos papeles son para impresionarlos a ustedes!” (Risas abundantes), fue centro de una de las màs hermosas jornadas musicales de origen criollo, que se recuerden en ese escenario.
Maestría, fuerza y ternura en su aliento, tonalidades agudas y bajas gerenciadas con la veteranía de un hombre- artista integrado a su instrumento, siendo ambos, solo uno.

