Hay temas que van y vienen. Son como las navidades y las teleras. Ahora volvemos con la independencia de los jueces de la Junta Central Electoral (JCE) y hace unos días hubo referencias ala idea de una procuraduría fiscal independiente.
Es lo ideal. Sin embargo, los individuos independientes para ocupar puestos públicos desde una perspectiva de independencia y soberanía en la toma de sus decisiones tienen por delante a la propia ley y la constitución de la República. Hay un mandato adjetivo y uno de carácter sustantivo. Eso es lo esencial.
Obvio que nos fortalece el ego entrar en un debate de tal naturaleza por cuanto, lo primero es que nos pondríamos un traje de revolucionario por cuanto presumiremos del 808, es decir que estaríamos adelante y bien adelante. Recuerdo la disputa sobre la censura y la autocensura. Aparecen algunos que censuran la autocensura.
Y caen, en consecuencia, en una irracionalidad filosófica de la censura y la autocensura, como si la autocensura fuese una especie de mascarilla o, mejor dicho, un tapabocas.
Vivimos perdiendo las oportunidades. Más que entrar en el debate del carácter independiente de las personas para ocupar un puesto de juez de la JCE, prefiero que entremos en una discusión sobre la ley que creó a la JCE y sus reformas.
Prefiero igualmente que discutamos el alto costo de unas elecciones presidenciales o municipales. Gastamos una millonada de pesos que nos sacan de nuestros bolsillos a través del pago de nuestros impuestos, limitando una mejor calidad de vida y ahorros.
Salgamos entonces con la lupa de Diógenes a rebuscar entre nuestros ciudadanos a los independientes. Pueden y aparecerán personas independientes, porque siempre habrá personas que nunca profesan con un partido político u otro. Relativamente no son militantes ni activistas ni miembros, aunque podrían perfectamente simpatizar por determinados líderes políticos, aunque se los callen, y tal cosa jamás será un pecado.
No me opongo. Hay que intentarlo. Y me gustaría, mucho más, que llegásemos a un acuerdo respecto a una procuraduría fiscal independiente. Sin necesidad de pautas respecto de la distancia que podrán recorrer para alcanzar la justicia, para que el poder sea justo y equilibrado, ausente de la venganza o de la persecución u ojalá escapen a las injurias, a la descalificación o de los motes por sus decisiones.
Al final de la cuenta tenemos que tomar conciencia plena sobre el respeto mutuo, sobre la tolerancia y sobre la necesidad social por una mayor calidad del sentido de la dignidad, del apego a lo ético y al consenso sobre patrones de las buenas prácticas para que tengamos la moral suficiente para defender lo ético en la actuación pública.
Por: Angel Barriuso
angelbarriuso7@gmail.com

