DETROIT.- José Valverde tiene una personalidad bien colorida. Y su vida embarca más de una personalidad.
En algún momento de su temporada de novato, el comentarista de los Diamondbacks, Mark Grace, le puso el apodo «Papá Grande». Pero alguien entendió papa, la comida, y se le conoció por un tiempo como «Big Potato». El dominicano responde a cualquiera de los sobrenombres, más Valverde o José.
El «Big Potato» no se toma demasiado en serio. Sin embargo, José Valverde toma bien en serio su trabajo como cerrador de los Tigres.
«Creo que tiene su propia manera de hacer las cosas», dijo el también relevista dominicano de Detroit, Joaquín Benoit, muy amigo de Valverde. «Creo que llega y, en cuanto se pone la ‘cara del juego’, todo se trata de negocio.»
Esencialmente, Valverde tiene dos personalidades. «Definitivamente es un gran lanzador», dijo el receptor de los Tigres, Alex Avila. «Y pone un show muy bueno.»
El hombre del show tiene muchas costumbres, y hay una lista larga antes de realizar un lanzamiento:
–Empieza a tirar en el sexto inning, tres entradas antes de cualquier oportunidad de entrar al juego. Después calienta de verdad en el octavo episodio.
–Agarra una botella de agua cuando recibe la llamada para entrar al partido. Toma un trago enorme, pausa, y vuelve a llenar la boca de agua.
–Sale del bullpen, escupe agua hacia su izquierda, derecha y luego hacia adelante. Da un saltito con la gorra en la mano derecha, golpeándole la rodilla derecha con la gorra. De ahí trota hacia el montículo. Después da otro saltito y vuelve a darle en la rodilla derecha con la gorra entre la tercera base y el campo corto.
–Agarra la bola, la cambia por una nueva con el umpire principal, agarra algo de tierra del montículo, se para en la parte trasera de la lomita, dándole la espalda al home plate, baja la cabeza, le da un puñetazo al guante y calienta.
–Sale del montículo por el lado de la primera base, se estira las rodillas, se da de nuevo con la gorra, vuelve al montículo y lanza.
–Y busca una bola nueva con cada jugada.
Según el propio Valverde, no ha variado esta rutina desde que se convirtió en profesional. Ritual, superstición. Lo que quieran llamarlo.
«Creo que todo el mundo es supersticioso», dijo Valverde. «Creo que no soy yo solo, sino todos. ¿Tengo más que los otros? Quizás, pero no sé. Pero creo que son todos.»
Algunos lo califican como parte del show. Algunos dicen que es parte de la persona.
Lo que hace antes de los lanzamientos es algo ya parte de él. Las celebraciones, dice Valverde, son improvisadas.
Durante un tiempo bailaba mientras salía del montículo.

