Opinión

Joya en las FFAA

Joya en las FFAA

En el 2001, Ramón Oviedo (1924-2015) realizó el mural “Nacimiento de la Patria” (108 X 720 pulgadas), en una de las paredes del edificio del Ministerio de las FFAA, en el que presenta una de las pocas ocasiones históricas en que el pueblo empujó unido hacia una causa, una acción unitaria que no ha vuelto a repetirse en el país, ni aún en las dos intervenciones norteamericanas del Siglo XX, cuando la sociedad se dividió en bandos opuestos.

El mural reafirma lo que José Clemente Orozco enuncia como “la forma más alta, más lógica, pura y fuerte de la pintura: el mural y que es, también, la forma más desinteresada, ya que no puede ser objeto de lucro personal y no puede ser escondida para el beneficio de unos cuantos privilegiados. Es para el pueblo. Es para todos” (textos de Orozco. Universidad Nacional Autónoma de México, 1983).

Aunque “Nacimiento de la Patria” no está escondido, su lectura no beneficia a todos, tal como otros murales, porque el Ministerio no está abierto al público, y ese es uno de los escollos que presenta el muralismo en el país, contradiciendo los principios de un lenguaje estético que nació para publicar, informar y transmitir los acontecimientos que tocan, de una forma u otra el discurso social.

Desde luego, a través de un mecanismo protocolario el alto mando militar podría autorizar, al menos un día de la semana, abrir al público la entrada al edificio que alberga el mural y permitir al pueblo, a todos, disfrutar esta maravillosa pintura y así cumplir ese enunciado de Orozco.

La lectura del “Nacimiento de la Patria” se distancia de los anteriores murales de Oviedo porque su lectura se abre desde los extremos y fluye hacia el centro, lugar donde convergen las dos fuerzas que hicieron posible nuestra separación de Haití: la organización secreta de Los Trinitarios y que, tras el disparo de Mella, despertó al pueblo para luchar por un ideal común.

En el mural, Ramón Oviedo describe en un canto pictórico el nacimiento de una conciencia, el despertar de un pueblo para conciliarse como nación, como historia y futuro. Para Oviedo la unión del pueblo tras el disparo de Mella significó un lazo de amor más fuerte que la sangre, que los egoísmos y rencores, los cuales nos han desunido en ciento setenta y tres años de existencia como nación.

De ahí, la percepción e interpretación estética del Maestro acerca del episodio más emotivo —no más sensible— de nuestra historia, porque fue allí, en aquella convergencia de valores, razas, alternativas y búsquedas, donde debió fraguarse un humanismo perenne que superviviera en el horno de los tiempos.

Porque para Oviedo, sujetándose a lo que ha sido el muralismo a través de la historia, su función vital fue, es y será fortalecer el humanismo, y a eso invoca en “Nacimiento de la Patria”, robusteciendo el heroísmo inmaculado de la unión, del amor y el sentido de la libertad como gloriosa epopeya.

El Nacional

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