En este Jueves Santo, donde se encuentren el cuarto día de nuestra Semana Mayor, les deseamos que mientras disfruten del merecido descanso moderado y sano que el Todopoderoso Dios nos brinda; les sea hermoso el luminoso Sol, cual disco de plata vitaminándonos contra el parasitismo.
En cualquier campo o montaña, con hijos y familias o visitando a algún amigo después de alguna reconciliación; disfrutando del oleaje curativo de las playas, o viajando, donde estén hoy Jueves Santo, por razones obvias, no debemos hablar de política, obedeciendo a nuestra madre Iglesia, que nos pidió tregua.
Ni siquiera de la belleza del Proyecto de gobierno del PRD con Hipólito y Abinader en Educación y otras áreas para garantizar el futuro; no, no, vamos a recordar algo de este día.
En esta semana podemos también meditar sobre las crisis de todo orden que siguen influyendo y profundizar, con la ayuda del maestro Dios, para que nos ilumine con nuevos bríos y fe para evitar que los ánimos se desborden, y logremos unas elecciones donde el pueblo vote ampliamente, limpias y respetadas.
Debemos estimular la alternabilidad democrática, para bien de todos, no olvidando que la dictadura de Trujillo duró docenas de años inutilizando el desarrollo democrático y costó tanta sangre y muertes.
A propósito de este Jueves Santo, no vemos desperdicio en recordar hechos cristianos e históricos como la Última Cena de Jesucristo con sus Apóstoles, donde se instituyó la Eucaristía. Fue la noche del beso traidor de Judas y su apresamiento como malhechor donde los demás Apóstoles lo escupieron y lo empujaron inclusive hasta Pedro, el hombre de más confianza de Jesús.
En mi trabajada vida, recuerdo cosas interesantes, como el cumpleaños de uno de mis tres hijos, aquel Jueves que decidí trasladarme a la capital para estudiar derecho; luego volví a la capital otro jueves, años después; luego iniciarme en el Listín Diario a escribir los Jueves esta misma columna con temas distintos; luego paso a El Nacional los últimos treinta y pico de años, todos los jueves.
No olvido que un jueves en San Cristóbal me estrené en una causa criminal, frente al gran criminalista Héctor Sánchez Morcelo, y terminamos asociados en sus últimos años en muchos asuntos criminales. ¡Qué casualidad, Dios mío! Y algo más que ni quiero reproducir, aunque nunca he sido pedante, ya que ni la política me ha embriagado, ya que les he servido dignamente a distintos gobiernos, especialmente a Balaguer, y mi gran riqueza es ser amigo de todos, con mas deseos que nunca de seguir ayudando al proceso democrático.

