La sentencia que declaró culpable al expolicía Derek Chauvin del asesinato por asfixia del afroamericano George Floyd, el 25 de mayo de 2020 en Podwdrhorn, Minnesota, no deja de ser un respiro, aunque dista mucho de la eliminación de la violencia racial en Estados Unidos. En un momento en que una epidemia de tiroteos masivos sacude a esa nación el fallo del jurado puede tener mucha significación para el presidente Joe Biden.
El mandatario no tardó en proclamar que se había hecho justicia y llamó a un hermano de la víctima para consolarlo por el veredicto. Una sentencia adversa o que no se correspondiera con la gravedad del crimen hubiera provocado de inmediato violentos disturbios sociales en la nación. Chauvin fue condenado a 40 años de cárcel por asesinato en segundo grado.
Grupos que estuvieron atentos al proceso festejaron el veredicto, lo mismo que el actual mandatario y el expresidente Barack Obama. Sin embargo, el Gobierno tendrá que emplearse a fondo para combatir la ola de violencia, que diariamente cobra la vida de más de 100 personas, y los abusos de la Policía, sobre todo de raza blanca, contra afroamericanos e inmigrantes.

